Yo también soy homosexual

Estaba con Addi, artista local que hace auténticas maravillas en hierro forjado, madera, bambú y lo que le pongas por delante. Es un tipo curioso. Abre la tienda que tiene al lado de Radio Ada cuando le apetece o necesita dinero. No tiene mucha clientela. No aspira a hacerse rico, sino a disfrutar con lo que hace. Le admiro mucho. Además, no te da el coñazo para que le compres ni aprieta en los regateos. Me parece un hombre inteligente.

A menudo, cuando termina mi jornada, sobre las 14h me tomo el almuerzo con él -seguimos abonados al bocata de sardinas en lata de distinta procedencia: Marruecos, Malasia e Indonesia entre las más cotizadas-.

Disfruto de su compañía. Conversamos de todos los temas que se nos ocurren y suelo utilizar su opinión como referencia sobre los asuntos sociales en Ghana. Es un tipo instruido, con acceso a Internet, lee los periódicos y escucha la radio, tiene amigos en el extranjero y ha viajado fuera de Ghana en algunas ocasiones, no sólo a otros países cercanos como Togo, Costa de Marfil o Nigeria -lugares fácilmente accesibles por carretera y en los que muchos ghaneses tienen lazos familiares- sino también a Europa y Estados Unidos.

El tabú de la homosexualidad

Hace poco hablamos de homosexualidad. Un tema tabú en Ghana y en casi todo el continente. Al principio, se mostró sorprendido. Aparecieron las risitas.¿Tú no serás uno de esos desviados, verdad?” Le contesté. “¿Por qué no? ¿No me abrirías las puertas de tu casa si lo fuera? ¿No estarías aquí conmigo? ¿Llamarías a la policía para que me detuviera?” Se puso muy serio y me dijo: “Eso es antinatural. En tu país haz lo que quieras, pero aquí no. Eso no es parte de nuestra cultura. No es bueno.” Me dolieron sus comentarios, como casi siempre que escucho a alguien en Ghana y en otras partes de África o del mundo hablar en estos términos de homosexualidad.

Esta misma conversión se repitió poco después en el Rub-Stone, el club nocturno de Ada, durante unas de las fiestas que allí se organizan cada cierto tiempo. A la mesa nos sentábamos Albert, compañero de Elena en el hospital, y George, amigo de este. Volví a sacar el tema de la homosexualidad para ver qué opinaban dos jóvenes profesionales de la sanidad, universitarios. Albert guardó silencio, pero se encontraba incómodo. Pinché un poco más y George abrió el grifo comentando que la homosexualidad jamás sería legal en su país ni aceptada en ningún lugar de África. “No puede ser. Es antinatural -mismo argumento que Addi-. Y además lo prohíbe la religión”. Discutimos abiertamente sobre el tema.

Le hablé de la situación en España, de la evolución de las últimas décadas, de los avances -no debemos permitir retrocesos-. Demis amigos y amigas gays, bisexuales y lesbianas, de las parejas del mismo sexo que han formado una familia, de los hijos que tienen y crían con el mismo cariño y amor que el resto de parejas. “No puede ser. Eso es un delito. Y una monstruosidad. ¿Cómo dos mujeres van a criar un niño? ¿O dos hombres?” Les expliqué las ventajas de educar en la diversidad e intenté hacerles ver que la mente cerrada es el mayor peligro para una persona. Mis palabras cayeron en saco roto. Cambiaron de tema. Y le dieron un trago largo a su refresco de malta.

En ocasiones como esta, fíjense ustedes, la mente se me va hasta Berlín y la Guerra Fría para recordar el discurso de John F. Kennedy el 26 de junio de 1963: Ich bin ein Berliner, soy un berlinés. Pues eso, yo también me siento homosexual. Me indigna el rechazo, el encarcelamiento, la discriminación y el trato abusivo que sufren en este país y en muchos otros de África y del mundo, personas iguales que yo y con los mismos derechos. Son perseguidas sólo por sentir diferente o por elegir seres humanos de su mismo sexo para acompañarles en la cama… o en la vida.

Un niño diferente

Pensé entonces en un pequeñajo de los que acuden a diario a nuestra ventana. Esa ventana de casa que es una ventana abierta a África. Recordé una tarde, de hace unos meses. Elena y yo caminábamos por la playa de Ada. Íbamos a nuestro aire, comentando nuestras cosas y de repente alguien nos llamó. Nos paramos y nos dio alcance. Era uno de nuestros amiguitos. Nos saludó cortésmente y nos pidió permiso para acompañarnos.

No tendrá más de 10 años. Es un niño diferente. Aquí, en nuestro pueblo, los roles de niños y niñas están muy diferenciados y cumplen a rajatabla los estereotipos.

Los niños son brutos, kamikazes, se pegan, nunca lloran, le dan a la pelota, van siempre sucios y aplican la ley del más fuerte. Las niñas son más dulces, lloran, te buscan la mano, juegan en la arena, intentan alisarse los harapos o arreglarse cuando les vas a hacer una foto y siempre están a merced de lo que opinen sus hermanos mayores o varones de la familia.

Este niño que nos acompañaba no es como los demás. Se nota en el trato. En los gestos. En las muestras de cariño. En la forma de vestir. En sus movimientos. En su tono de voz. En su forma de relacionarse.

Seguimos andando por la playa, cada vez más lejos del pueblo, y en un momento dado metió la mano en su mochila escolar y sacó unos zapatos con tacones. ¿Pueden imaginarlo? Nos dijo que los había comprado en el mercado diciendo que eran para su hermana. No se atreve a llevarlos en el pueblo. Se los puso para caminar con nosotros.

La situación era curiosa. Primero, porque caminar por la arena con tacones es prácticamente imposible. Segundo, porque él estaba feliz. Se sentía libre de miradas y comprendido. Lucía sus tacones con orgullo. A nosotros nos entraron ganas de llorar. En un momento dado, volvimos sobre nuestros pasos. La noche caía y los mosquitos empezaban a dejarse ver. Cuando avistamos las primeras casas, nuestro pequeño amigo, sin que nadie le dijera nada, se descalzó nuevamente, sacó una bolsa de plástico de la mochila, guardó sus tacones y volvió a ponerse unas chanclas.

Se le borró la sonrisa del rostro. Se puso serio. Durante toda la escena nadie dijo nada. Sólo hubo intercambio de miradas y un enorme abrazo por nuestra parte. Queríamos decirle que le apoyábamos, que delante de nosotros podía vestirse como quisiera, que estábamos con él. Caminando por el pueblo vimos como otros niños le hacían burla y con el paso de los meses hemos sabido que le hacen el vacío, que hay habladurías, que se dirigen a él con desprecio. Es una injusticia. ¿Qué hacer en estas circunstancias?

Homosexualidad en Ghana

La homosexualidad está penada en la ley en Ghana, con hasta 25 años de cárcel para las relaciones entre hombres. A las lesbianas directamente se las invisibiliza. No existen para la ley. El presidente de la República, John Atta Mills, declaró en noviembre pasado que “ellos no apoyarán a los homosexuales”. No van a legalizar la homosexualidad. Cuentan con el apoyo del 88% de la población, según las estadísticas que maneja, y estamos cerca de las Elecciones de diciembre, que prometen ser reñidas.

Ser homosexual es una aberración, según los representantes religiosos de todas las Iglesias y confesiones religiosas del país. Tanto cristianos de todo tipo como musulmanes y tradicionalistas. Todos están a una en este tema.  “Si la homosexualidad es tolerada, la raza humana se extinguirá”, declaró abiertamente el Reverendo Stephen Wengan, hace unos meses, en un artículo escrito para Ghana Broadcasting Corporation -el principal medio de comunicación público del país-.

El año pasado, Raul Evas Aidoo ministro para la región occidental de Ghana ordenó a las Fuerzas de Seguridad detener a todos los gays y lesbianas que hubiera en el oeste del país y exhortó a los propietarios e inquilinos de viviendas a denunciar a toda persona a la que consideren sospechosa de ser gay o lesbiana.

La Constitución de Ghana garantiza la protección de los derechos humanos para los ciudadanos ghaneses, cualquiera que sea su raza, lugar de origen, opinión política, religión, creencia o género… pero olvida, intencionadamente, mencionar su orientación sexual.

Reacciones internacionales

Cuando a finales de 2011, durante una reunión de la Commonwealth, en Australia, el primer ministro británico, David Cameron, declaró que supeditaría la ayuda al desarrollo del Reino Unido a África a los países que avanzaran en derechos humanos, y especialmente, en derechos de las minorías sexuales, las reacciones furibundas de todas las fuerzas políticas de Ghana y de otros países no se hicieron esperar. Fue una vergüenza y en los periódicos, radios, digitales y televisiones más relevantes no escuché ni una sola voz que se alzara a favor de la diversidad afectivo sexual.

La tendencia de supeditar la ayuda al desarrollo al respeto a los derechos de las minorías sexuales también parece secundarla la secretaria de estado norteamericana, Hillary Clinton. Durante su última visita a la región hace pocos meses, declaró la misma política que el mandatario británico. Otra vez protestaron los líderes religiosos, políticos, asociaciones de padres y autoridades comunitarias y educativas, incluidos los chiefs tradicionales.

Amnistía Internacional ha denunciado en numerosas ocasiones que el acoso, la discriminación, la violencia, la persecución y los asesinatos cometidos contra personas por su orientación sexual o identidad de género están aumentando en los últimos años alrededor de África Subsahariana.

Muchos políticos en estos países no sólo no protegen a estos ciudadanos y ciudadanas en peligro, sino que a través de sus declaraciones incitan a su discriminación y persecución, como en el caso de Ghana.

En Camerún, por ejemplo, siete hombres fueron detenidos hace un mes bajo leyes que prohíben conductas sexuales entre personas del mismo sexo. Desde 2011, 13 personas han sido arrestadas en ese país en base a estas mismas leyes. En Sudáfrica, los ataques contra personas homosexuales no son investigados, creando un clima de impunidad para los perpetradores. Y no se trata de casos aislados. Podría hablar de las sanciones impuestas en Malawi y Mauritania o de los exabruptos del presidente Robert Mugabe en Zimbaue, diciendo que los homosexuales son peores que perros y cerdos. Es una tendencia en esta parte del mundo. En algunos estados del norte de Nigeria, donde rige la sharia -ley islámica- la homosexualidad se castiga incluso con la muerte.

Silencio en los medios

En Ghana las asociaciones de gays y lesbianas existen, pero son minoritarias y tienen muchos problemas para hacerse escuchar. Desde luego no están registradas oficialmente. Nadie les dedica un mínimo espacio en los medios de comunicación y sólo en Internet y en publicaciones extranjeras encuentran cierto eco. La situación no ha llegado a ser tan grave como en Uganda, donde las leyes son más duras y las autoridades han disuelto recientemente encuentros y reuniones de gays y lesbianas, pero el escenario es similar en cuanto a la represión y el hostigamiento.

En mi propia emisora comunitaria, Radio Ada, mantuvimos un debate al respecto en la Redacción y me encontré solo. Las opiniones aquí no eran agresivas. La democracia es un valor aprendido y nadie me insultó, como he escuchado en otros lugares, pero no quisieron abrir el debate en antena. Nadie se atreve a defender la homosexualidad por miedo a quedar señalado.Trabajo desde entonces para que esto cambie.

Considero fundamental que en los medios de comunicación se visibilice. La homosexualidad, han llegado a decirme en otros foros, es un legado europeo, una más de las lacras colonialistas que los extranjeros hemos dejado en África. “No es parte de nuestra identidad. Ningún africano es homosexual”.

No es extraño encontrar noticias en el periódico tipo “Lesbianas intentan someter a sus prácticas sexuales a menores en un colegio de Tamale”, “Los homosexuales deben dejar el país”. Es terrible pero ocurre con normalidad.

Otro sencillo ejemplo de discriminación

El día de la independencia de Ghana, 8 de marzo, los compañeros de Elena en los servicios de salud del distrito organizaron una fiesta en la playa. Comida, música y bebida para estrechar lazos entre compañeros, familiares y visitantes. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, una de las personas homosexuales que conozco no fue invitada a la fiesta por ser gay. Imaginen la tristeza y la decepción.

Al día siguiente, nos encontramos en la carretera de Ada Foah, esperando ambos el tro-tro para dirigirnos al trabajo. “¿Qué tal la fiesta?”, me dijo. “Bien, divertido: música, juerga, baño en el río”, respondí. “A mí no me invitaron, ¿lo sabías?” Otra vez apareció la impotencia, el sentimiento de dolor.

Escribo estas líneas en Ghana en un día especial, el día del Orgullo Gay que espero que se celebre por todo lo alto en mi ciudad, Madrid.

Pienso en las miles de personas que salen estos días a la calle y gritan en libertad que son homosexuales, lesbianas, bisexuales o transexuales. Y lo comprendo perfectamente. No cantan, bailan y se dejan ver sólo por ellos. También lo hacen por estas personas, aquí en Ghana y en tantas otras partes del mundo, que no pueden hacerlo. Soy heterosexual, pero defiendo el derecho de toda persona a tener la orientación sexual que le plazca. Y no lo olviden, no es un capricho, sino un derecho humano.

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26 comentarios on “Yo también soy homosexual”

  1. Helga dice:

    Y yo también soy lesbiana!

    Tengo un amigo gay en Ghana, trabajando para la CE en Accra, un chico estupendo, que intentó luchar desde su trocito de mundo contra esa hipocresía, que le permite tener amante en su casa en Ghana, pero sin embargo le tacha allí mismo de “antinatural” y “aberrante”, como dices. Ya se ha cansado, porque lo ha pasado muy mal, y peligra incluso su identidad personal si terminara siendo denunciado por los mismos amantes que tuvo… porque allí todo esto es posible y más… Ya no lucha.

    Así que pueden seguir diciendo que “ningún africano es homosexual…” qué farsa más grande!

    Bss mil

  2. YEYE ASENJO ROMERO dice:

    YO TAMBIEN SOY LESBIANA!!!!!!!!!!!!!!!!

    NO SOLO LAS CADENAS TE HACEN ESCLAVO, ESTAN TODAVIA MUY LEJOS DE SER LIBRES.

    BESITOS GUAPO Y A ELENA OTRO PERO EN LA BOCA (ES QUE SOY LESBIANA).

    • ángel gonzalo dice:

      Pues sí, un desfile arcoiris no estaría mal por aquí… Muchos besos, también a la barriga. Sé alteró anoche?

  3. Ah! Ojalá hubiera más heterosexuales con tu mentalidad! (donde está el botón aquí de “thumb-up”?) 🙂

    • Bueno… esto es una cuestión de derechos, a ver si lo entienden quienes tanto se oponen… Ojalá hubiera más personas con preocupación de derechos humanos. Nos iría mejor… ¡Botón izquierdo!

  4. Esteban dice:

    Genial tu articulo pero triste!
    Y genial sos vos tambien, Angel! Por suerte yo conozco a muchos como vos pero no en africa!
    Un abrazo
    Esteban

    • Ay, Esteban, qué malita está la cosa por aquí en este tema… Un abrazo fuerte!

      • Esteban dice:

        Por suerte nunca fue tentado en Ghana:-) pero como sabrás Ghana es solo uno de muchos lugares homofóbicos:-(
        Qué tal la fundación de un nuevo país llamado Manland?
        Besotes desde Praga ( sí me escapé de Cristináandía!!)
        Esteban

      • ángel gonzalo dice:

        Sí, este lugar es horrible cuando uno se aparta del camino mayoritario. Disfruta Praga. Huyendo del invierno argentino? Abrazos

  5. Carlos dice:

    Hola guapos. Estupendo artículo y si no fuera porque tu eres hétero y Elena esta casada os daba un beso en los morros a los dos.
    Yo tambien puedo ser homosexual
    Carlos

    • ángel gonzalo dice:

      Dámelo igualmente. Hay que agitar un poco esta sociedad adormecida por tanta intolerancia religiosa. Un abrazo!

  6. Tesa dice:

    Nunca he podido entender que a nadie se le discrimine o se le ataque por cómo siente, cómo es, su color de piel… u otra diferencia. Me gusta la diferencia, no somos robots fabricados en serie.

    No soporto la intolerancia y la hipocresía, y si las personas en general y los gobernantes en particular tuviern en cuenta los derechos humanos mejor nos iría, Pero eso sería el primer indício para creer que por fin vivimos en un mundo civilizado. Y creo que todavía nos queda un gran trecho.

    Amgelito, la figura de ese niño paseando feliz por la playa a vuestro lado con sus tacones tiene mucha fuerza literaria, tanta que quizá la utilice para un cuento, pero esa fuerza y ese poder visual también me ponen un nudo en la garganta, porque resumen con una imagen su sufrimiento, y sólo es un niño… o aún es un niño.

    Muchos besos.

    • ángel gonzalo dice:

      Sería precioso que escribieras ese cuento. Ayer cenó con nosotros. Es un niño tan especial y achuchable… Y pensar en lo que le espera: rechazo, marginación… Y la cárcel si no se anda con tiento. Ni siquiera creo que él sepa que es homosexual. Tiene que sufrir mucho por ser diferente. Nos sentimos tan impotentes… Y sí, no me explico la persecución de otras personas porque se sientan atraídas por personas de su mismo sexo. A mí me parece tan humano… Ocurre desde tiempos inmemoriales, por qué tanto empeño en imponer otro criterio? Qué ignorancia. Cuánto sufrimiento gratuito. Estoy indignadísimo. El domingo pasado, uno de los pastores presbiterianos más influente del pueblo echó un sermón homófobo que invitaba a denunciar a los desviados. Declaró que no eran criaturas de Dios y tenían que ser apartadas del rebaño. A mí tampoco me interesa ese rebaño ni ese maldito Pastor. Qué vergüenza.

  7. Elisa dice:

    Las personas y sus derechos…. diferentes pero no desiguales. Cuesta mucho que entre en la sesera de la gente, sobretodo con la comida de tarro que llevamos encima. El machismo, el racismo, la homofobia… Espero que el sentido común llegue a tiempo… para mí siguen siendo incomprensibles los mensajes contradictorios de los pastores y papas y toda esta parafernalia mágico-religiosa. ¿No éramos todos iguales ante los ojos de Dios?. Vergüenza, indignación, impontencia…

    Salud!

    • ángel gonzalo dice:

      Cuánta razón tienes, colega y cuántos abusos se cometen en el nombre de Dios. En esta parte del mundo es brutal!

  8. […] Ghaneantes, aviso para Share this:TwitterFacebookCorreo electrónico Permalink […]

  9. Daniel dice:

    Un artículo genial… suerte que en algunos países africanos la tendencia está cambiando.

    Saludos ya desde madrid!!:D

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias… Los cambios son demasiado lentos. La persecución continúa y los retrocesos son enormes. Soy optimista a largo plazo, pero ahora mismo la situación es muy grave.
      Un abrazo.
      Me alegro de tú regreso.

  10. Raquel dice:

    Hola! ayer encontré Ghaneantes, aviso para y ya me he leido todas las entradas. Me encanta.

    Me llamo Raquel y mi pareja es de ghana, todavia no he podido viajar para conocer el país pero tengo muchas ganas.
    Ahora estamos a la espera de que el fiscal apruebe nuestro matrimonio (ya sabeis que esto de matrimonios mixtos no es tan fácil) y si lo aprueban iremos a vivir a ghana en principio por un año.
    Con lo que me cuenta mi novio y leiendo este blog me voy preparando, porque aunque tengo mucha ilusión sé que el cambio será dificil y no se si me adaptaré rápido.

    Soy trabajadora social espero poder colaborar con algún proyecto una vez esté en ghana.

    Me encanta como escribes. Decirte también que llevo pensando en el niño de los tacones desde ayer, se me cayeron las lágrimas…

    un beso 😉

    • ángel gonzalo dice:

      Hola, Raquel:
      Felicidades por la boda. Sí, conozco experiencias de matrimonios mixtos en los que la presunción de inocencia se olvida con demasiada facilidad. Demasiados trámites, demasiadas preguntas, demasiadas sospechas. Ánimo.
      La verdad es que Ghana no tiene nada que ver con España. Sí, el cambio será fuerte, pero la experiencia merece la pena. Elena y yo siempre decimos que todo el mundo debería pasar en África algún tiempo para valorar lo que tenemos en nuestro país, a pesar de la crisis que tanto afecta a tantas familias.
      El caso es que si vienes con una persona local todo será más fácil, sin duda, pero debes venir fuerte físicamente –los mosquitos con malaria son un peligro real, el cólera está presente en muchas zonas del país, el clima es bastante duro… – y psicológicamente –a pesar de que Ghana está mejor que los países vecinos, la pobreza es más que evidente-.También dependerá de dónde decidáis vivir y de los recursos económicos con los que contéis. Acra puede ser más cara que Madrid y mucho más odiosa por el tráfico. Y la cuestión monetaria es importante. En Ghana hay una minoría con mucho dinero y una mayoría muy pobre. La clase media es casi inexistente y eso determinará vuestra estancia.
      En cualquier caso, insisto, la experiencia merece la pena, los proyectos son numerosos, el país es seguro, tiene cosas interesantes que ver y la gente es generalmente agradable. Nosotros regresamos definitivamente a España en septiembre. Si quieres, me escribes a la dirección de email que aparece en la home de este blog, pinchando en la foto y debajo de la parrafada en la que cuento quién soy, y una vez que estemos en España te contamos con más calma si tienes dudas… aunque llevas el mejor guía posible, seguro!!!!
      Un abrazo y mil gracias…
      Y sí, la homofobia aquí es sangrante.

  11. ignacio dice:

    Hasta cuando el ser humano va a estar haciendo caso a líderes religiosos…políticos ,militares o de cualquier otra índole que por regla general llevan una doble vida.Cuanto más desprecies a un homosexual…más rápidamente me doy cuenta de que eres un homosexual lleno de odio y rencor….que haces caso de los consejos rancios de estos líderes.

  12. ignacio dice:

    Estoy enamorado de un ghanes….con eso lo dejo dicho todo….Espero que algún día podamos estar juntos…


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