Los ladrillos de Anyakpor

Los ladrillos de la nueva escuela de Anyakpor, 1.580 en el momento de escribir estas líneas, los ha fabricado uno a uno Kofi, un albañil honesto y trabajador de Aflao, en la Región del Volta. Él es el más currito de este proyecto. Construir esta escuela ha sido una experiencia nueva. Apasionante. Desesperante. Otra vez apasionante. Y más tarde realmente satisfactoria.

Empezamos trabajando en esta comunidad en noviembre de 2011, ya lo saben, construyendo bancos y mesas para una escuela que parecía un centro de acogida precario. Nuestros alumnos –97 menores sin recursos, algunos huérfanos- se sentaban entonces en la arena. Más tarde -en marzo de 2012- llegó el material escolar. Hasta ese momento, hacían cuentas también sobre la arena.

El progreso

Después, estuvimos valorando presupuestos para traer agua potable a la escuela,  luz eléctrica y construir un baño que contribuyera a mejorar las condiciones higiénicas de los menores.

He contado otras veces que Anyakpor es una comunidad pobre entre las pobres. Aquí muchos niños y niñas no reciben educación, duermen en el suelo, no tienen las necesidades básicas cubiertas. Sus padres no pueden pagar las tasas ni los uniformes ni el material escolar para que sean aceptados en un colegio público. Algunos ni siquiera tienen padres. Viven acogidos en otras familias de la comunidad.

Desechamos las ideas anteriores tras tener varias reuniones con las autoridades locales. En diciembre habrá Elecciones y el Gobierno quiere electrificar antes la parte a oscuras del país -30% según las estadísticas, mucho más amplia en áreas rurales como esta-. Entre sus apuestas puede estar la comunidad de Anyakpor. Los políticos locales hacen lobby para ello. “Estamos cerca”, nos dijeron.

En otra comunidad, Futuenya, donde vivimos, tampoco había electricidad pero llegó hace dos meses. Fue a lo bruto, como se hacen muchas cosas aquí. Aparecieron unos trabajadores, blandieron sus hachas, se cargaron el árbol de mango de la entrada de casa, talaron cuantas palmeras encontraron alrededor y arrasaron con todo lo que pudieron. Trajeron la luz, sí, y ahora los vecinos que pueden pagarla –7 familias de 300- se alumbran con bombillas, pero el entorno está arrasado.

Quienes no pueden pagar las facturas, como los que viven más cerca de nuestra casa, siguen alumbrándose con hogueras y candiles. El progreso está a la puerta de sus chabolas. Pueden verlo, tocarlo, pero no disfrutarlo. También se han quedado sin los mangos del árbol y sin los cocos de las palmeras. ¿Para eso trajeron la luz? Pero esa es otra historia…

Iglesia, escuela o centro de acogida

La anterior escuela de Anyakpor no era tal, sino una iglesia con poco uso o un centro de acogida temporal. Sí, topamos con la Iglesia.Y un buen día decidieron utilizarla para el fin para el que fue construida: dar misas y tener encuentros religiosos, así como estudios bíblicos, catequesis y todo lo que quisieran. El edificio es suyo y hacen lo que quieren con él. No nos echaron a la calle. Venían cediendo el local desde 2008 y al ver a unos blancos –dólares con patas– entendieron que cada cual en su casa y Dios en la de todos.

Entonces decidimos ponernos manos a la obra para construir una nueva escuela que mejorara las condiciones de los niños y niñas. Llegamos a un acuerdo con los servicios sociales, los líderes comunitarios, el chief de Anyakpor -que se lleva 10 cedis por consulta- los padres y tutores de los alumnos, el Pastor que guía nuestro proyecto -sí, ya está dicho, sin la religión es imposible impulsar nada aquí- y todas las personas que consideramos influyentes.

Pedimos varios presupuestos y ninguno se parecía a otro. Tampoco había maestros constructores que nos dieran seguridad. Ser blanco en África abre muchas puertas, pero también eleva los costes y dispara la imaginación de las personas a las que entrevistas.

Para contrastar la información que habíamos recogido acudimos a Peter, delegado de la ONG holandesa Foundation for build -dedicada a la construcción de escuelas, baños y otros servicios en Ghana-. Nos dio las indicaciones básicas, tras terminar el queso manchego que quedaba en nuestra despensa y darle un viaje a un vino español que ocultábamos en el fondo de un armario. Fuimos para adelante. Con casi 4.000 euros se podía construir una escuela.

Campo de refugiados

Cuando nos mudamos de la Iglesia/centro de acogida, todavía no estaban puestos los cimientos de la nueva escuela de Anyakpor y los niños y niñas dieron clase en un improvisado campo de refugiados, montado para la ocasión. Un puñado de tablones, dos lonas y a correr. Al menos no estaban todo el día en la playa y se convertían en testigos privilegiados de cómo avanzaba su escuela.

En mitad de una extensión de tierra que el Pastor había adquirido con donaciones de amigos, el cepillo de la iglesia, aportaciones de la comunidad y una rebaja tras arduas negociaciones con el Chief y otras autoridades locales, instalamos esta escuela provisional y comenzamos las obras de la definitiva. También se iniciaron los trámites necesarios para el registro y legalización de la escuela. En un futuro próximo podrá contar con el apoyo del Gobierno local.

Los obreros

Decidimos contratar a una cuadrilla de tres albañiles y tres carpinteros, y contar con 16 voluntarios de la comunidad. Estarían liderados espiritualmente por el Pastor James y supervisados por nosotros.

Jon, el carpintero jefe, se encargó de acompañarnos a hacer las compras en Kasseh. Seleccionamos las maderas para la estructura y el techo, las de más calidad y las más resistentes. Compramos los pilares, las vigas, los clavos, las planchas de aluminio… una lista interminable, que discutimos durante días. Era viernes 11 de mayo y a última hora de la tarde todo el material estaba descargado en Anyakpor. El lunes comenzaríamos a trabajar.

Transcurrió el fin de semana y el lunes me acerqué a las obras. Sorpresa. Ningún carpintero se había presentado. Jon se había dado a la fuga. De hecho, permanece en paradero desconocido desde entonces. Tengo ganas de echármelo en cara.

Y el resto no había comparecido, salvo Kofi, el albañil formal que encabeza este texto. Los padres de los alumnos que debían colaborar en el trabajo comunitario andaban desperdigados. Justo en estas fechas, estación de lluvias incipiente, comienza la temporada de “farming” y los terratenientes contratan agricultores a cambio de comida y un pequeño jornal. Por contra, a la mayoría, nosotros les habíamos ofrecido sólo comida y  bebidas. En eso consiste el trabajo comunitario y voluntario. Era lo convenido, pero en Ghana lo convenido es papel mojado por muchas reuniones previas que hayas tenido.

Así que ahí estábamos. El Pastor con su Biblia, algunos fieles secundándole -sin trabajar, pero haciendo bulto- y el blanco poniéndose colorado de indignación. Cargamos 100 bolsas de cemento, un camión entero de grava y fuimos a buscar a otros trabajadores. Las mujeres colaboraron más que nadie. Sus cabezas soportaban a veces 50 kilos de peso.

Me sentía un reclutador militar. Casa por casa, le preguntaba a quien abría si tenía hijos en nuestro colegio. Si era así, me los llevaba de una oreja. Era un auténtico baefono. Un auténtico capataz. La cabeza volvía a darme mil vueltas. Por fin, a la hora de la comida, las doce del mediodía, reuní una cuadrilla y empezamos a trabajar.

Como en todas las obras, a pesar de la planificación, los presupuestos y todo lo que ustedes quieran, los materiales no fueron suficientes y los plazos no se cumplieron. En una semana, fundimos casi todo el fondo de compensación que había reservado -20% extra-, pero al final, estirando, reduciendo bebidas y transportes, economizando y solicitando nuevos apoyo llegamos a puerto.

Hubo que hacer dos viajes más a Kasseh, comprar más madera para la estructura, más planchas de aluminio para el techo, recuperar unos clavos olvidados en la ferretería y discutir con unos y otros, además de hacer frente a situaciones curiosas.

Ya saben que en Ghana, los funerales son una fiesta y todo el mundo que está invitado acude, sí o sí, tenga o no que trabajar. En nuestro caso, se celebraba un funeral por un familiar lejano de uno de los trabajadores. Era una persona muy querida y los festejos comenzaron en la comunidad un jueves y terminaron un lunes. Perdimos cuatro jornadas de trabajo -aquí los sábados son laborables- y no se podía hacer nada, salvo dar el pésame  y esperar.

Sueño hecho realidad

Por fin, el 6 de junio terminamos la primera fase. Hemos mejorado sensiblemente la situación que encontramos en noviembre. Tenemos un espacio suficiente para que 97 niños y niñas den clase con cierta normalidad y lo hemos hecho con la época de lluvias encima. Nuestra estructura les cobija ahora con seguridad. Cinco líneas de ladrillo a la vista en las paredes -más dos bajo tierra que sostienen la construcción-, un suelo de cemento, tejado de doble hoja de aluminio y pilares y vigas resistentes e integradas en el entorno. Los niños no han estudiado en un lugar así en su vida. Estamos satisfechos. Esperamos que ustedes también.

La educación en Ghana, como en toda África, es fundamental y precaria. El 35% de la población en este país es analfabeta. En esta región la estadística alcanza el 65%. Construir una escuela es dotar de una pequeña esperanza a la comunidad. No creo que ninguno de los 97 menores que tengo delante ahora llegue nunca a la universidad. Lo digo con pesar. Con mucho pesar. Pero también creo que estos 97 elementos sabrán leer y escribir cuando salgan de aquí, se expresarán correctamente en su lengua local y en inglés, el idioma oficial, conocerán las cuatro reglas de matemáticas para desenvolverse en el mercado y puede que tengan una oportunidad de mejorar sus vidas. Con eso nos basta.

Hemos pasado muchas noches sin dormir, nos hemos dejado la garganta, he estado a punto de practicar el canibalismo, incluso el magnicidio al querer atentar contra el Pastor y nos hemos sentido engañados y defraudados en algunos momentos por los líderes comunitarios, los obreros, los servicios sociales y los proveedores. Pero también hemos disfrutado mucho. Hemos sacado fuerzas de flaqueza, hemos encontrado gente maravillosa y desinteresada dispuesta a no dejar que nos rindiéramos y, lo más importante, hemos cumplido el objetivo de construir una escuela digna. Los fondos los han aportado ustedes, lectores, visitantes, amigos, familiares. Qué podemos decirles. Gracias por hacer este sueño realidad.

Las visitas de estos días, Ana y Rafa, han traído más fondos y hemos decidido, con el apoyo de las personas implicadas en el proyecto, ampliar una clase más, separar los ambientes y lograr más espacio y comodidad para los alumnos. Nos cuesta unos 1.500 euros al cambio. Y en eso estamos, otra vez reclutando obreros, comprando material y empantanados hasta las orejas. Pero felices. Gracias por el apoyo y la confianza, de verdad.

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19 comentarios on “Los ladrillos de Anyakpor”

  1. Helga dice:

    Pues ojalá todos tus sueños se hagan realidad, como éste.

    (¿Habeis abierto una CC o un nosequé para hacer donaciones? Seguramente me he perdido algo, pero como me he incorporado tarde a este blog, te agradezco si me pones al día, que tengo muuuuuuchas ganas de mínimamente ayudar en eso enorme, inmenso y brutal que habeis conseguido, pese a todo lo que tan bien has relatado aquí. Me quito el sombrero.)

    Enhorabuena!!! (por ración doble 😉

    • Muchas gracias, Helga.

      Le diré a Elena que te escriba para darte nuestro número de cuenta y más información sobre el proyecto.
      Las visitas que vienen a vernos traen el dinero en efectivo y así ahorramos gastos de transferencias que, como sabes, alcanzan el 10% en Ghana. Ahora tenemos dos visitas aquí, pero vendrá una nueva y última el 17 de julio.
      Hemos alcanzado el objetivo de mejorar la escuela y dar una oportunidad de estudiar dignamente a estos 97 chavales. Como hemos recibido más dinero, después de reunirnos con el personal, hemos decidido hacer una clase más. Si llega más dinero, lo emplearemos en eso: mejorar lo que tenemos. Como también sabes, aquí las necesidades son muchas.
      Por lo demás, seguimos con ghanas e ilusionados. Un beso fuerte!

  2. Fon dice:

    Cualquiera de estos niños y niñas que en el futuro lleguen a tener una oportunidad gracias a proyectos como este deberían saber que son personas, y no dioses, los que sembraron las bases para que ellos dispusieran de alguna posibilidad de abrirse camino en la vida, y que es a gente como vosotros a quien deberían agradecerlo, y que la mejor manera de agradecerlo es ayudar ellos mismos en el futuro a quien lo necesite.
    Esa es una buena religión.

    Enhorabuena una vez más, Ángel.

    • Gracias, Fon, tronco. Hacer algo aquí sin la iglesia es imposible. Están hasta en la sopa. Todas ellas. Pero estamos satisfechos con el trabajo realizado y este Pastor es un buen tipo. Gracias por el apoyo. Un abrazo fuerte!!

  3. J dice:

    Qué huevos tenéis, Angelito! Sois los mejores.

  4. Daniel dice:

    Leerte es un gusto cada semana 🙂 Haces que todo aquel que se plantea vivir en áfrica en torno a la cooperación y al desarrollo, se cuestione un poco sus intenciones y limites.

    Hay que reconocer que en el mundo del voluntariado, y en general todo aquel que esta encaminado a la ayuda social, el peor sabor de boca es el dejado por el desagradecimiento o falta de reconocimiento/respeto por la labor que ejerces. Sin embargo, como bien sabemos, por otro lado existe ese sentimiento reconfortante que te aporta tu conciencia y la sonrisa y apoyo de aquellos que si se dan cuenta de tu trabajo y presencia. Es lo que nos mantiene unidos a ese ambiente tan ambivalente 😉

    Un abrazo!

    • ángel gonzalo dice:

      Tú estás más preparado que cualquiera para dar el salto y venirte a África. Esto merece la pena, con sus sinsabores. Un abrazo y mil gracias!

  5. Guau! Me habéis dejado sin palabras. Enhorabuena por la iniciativa, el apoyo conseguido, esfuerzo, dedicación y resultado!
    Tenéis toda mi admiración. Habéis demostrado que querer es poder.
    No cambiéis nunca!

  6. Carlos dice:

    Enhorabuena. Cuando vi como corrían los niños de la escuela a recibir a Elena entendí mucho mejor lo que haceis en Ghana. Me alegro mucho de haberlo visto. La última foto que publicas me ha emocionado. Adelante.

    • ángel gonzalo dice:

      Muchas gracias, compañero. Estamos muy satisfechos y tenemos más presupuesto para seguir adelante. Cuando pase el aguacero, volvemos a la arena. Es un lujazo contar con tu apoyo y el de tantas personas como vosotros. Un abrazo

  7. Elisa dice:

    ¡Qué pasada! Se ve preciosa. Enhorabuena!!! Para todas y todos, y felicidades a la comunidad. Besos!

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias, jefa. Tu aportación también ha sido decisiva en todos los sentidos. La delegación mallorquina nos sostuvo cuando nos tambaleábamos. Caminamos firmes otra vez. Besos

  8. Manu Sobrino dice:

    Enhorabuena por el esfuerzo titánico que habéis hecho, es impresionante. No recuerdo si lo comentaste en algún post anterior, ¿pero qué será de la escuela cuando no estéis por allí? ¿Podrá funcionar sin vuestros dos? ¿Quién se encargara de arreglarla y mantenerla durante los próximos años? ¿La comunidad local? Os veo viajando a Ghana cada año para seguir con el proyecto…

    Un abrazo desde Rumanía!!

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias, amigo. Esta es también tu escuela. La sostenibilidad está garantizada. La escuela arrancó en 2008. Sólo hemos mejorado infraestructuras. Los gastos de ahora son los mismos de antes: sueldos profes y comida. La escuela está registrada oficialmente. Esto supone que puede acceder a subvenciones para mejorar y crecer. Es comunitaria, por lo que la comunidad cuidará de ella. Y está en el circuito de voluntariado, por lo que podrá recibir voluntarios extranjeros el próximo curso. Creo que está bien encauzado… Aunque nos encantaría volver. Disfruta Rumanía. Te echamos de menos. Un abrazo!!

      • Manu Sobrino dice:

        Estupendo! Me alegra saber que está todo tan bien atado, jeje!! Abrazoooos!

  9. Tesa dice:

    Menuda historia, Angelito. Ya veo que no te amilanas, y no tiras la toalla,

    Ver a esos 97 niños en un lugar digno seguro que os recompensa de todos los contratiempos y deslealtades.

    La última foto, nos alivia de la pesadilla de la construcción.¡Es una marvilla, llegar a esa foto final! .

    Veo por los cometarios que vais a dejar el tema ligado para que cuando marchéis el proyecto no se venga abajo.

    Un gran trabajo, Angelito.

    Muchos besos para los dos.

    • ángel gonzalo dice:

      Muchas gracias. Sí, la escuelita es una realidad. No te imaginas la satisfacción. Y sí, tiene garantía de continuidad. En cuanto las lluvias nos den un respiro, seguimos rematando. Besos mil


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