Síndrome de Baefono

Hoy es uno de esos días en los que le perdonarías a Fito la traición a Los Platero. Uno de esos días en los que necesitas escuchar canciones tristes, sencillas y melancólicas para ver si las desgracias de los demás te suben el ánimo. Quieres sentir cómo Camarón se desgarra la única camisa que tiene o cómo Morente se rompe la garganta por dedicarte un cante. Hoy te gustaría que el maestro Rosendo saliera de Carabanchel para gritarle a los cuatro berberechos de la administración de Ghana, a los mismos que te ponen tantas zancadillas, que son unos flojos de pantalón.

Es un día gris y te cubres los rizos con el pañuelo a cuadros de Kutxi, sacas el trabuco, acomodas la faca en la faltriquera y subes el volumen para que se estremezcan las palmeras de Futuenya. Necesitas ruido y rock and roll, hacer un brindis al sol con Los Enemigos. Hasta el Rulo, recién huido,o el Yosi, suavemente, se dejan caer por este lugar perdido de África Occidental. Así podría seguir con la banda sonora de estos meses, pero ustedes están aquí para leer un post, no para escuchar música.

Aquí se vive cada momento con verdadera intensidad. A veces te toca hacer frente a dificultades y las fuerzas merman, se derriten, no sólo por la temperatura. También tiene que ver con la idiosincrasia del país, la forma tan distinta que tenemos de resolver las situaciones. El caso es que a veces el cansancio te suelta un derechazo y te vas contra la lona, miras al tendido -no ves nada- y estás a punto de tirar la toalla. Luego recuerdas unas cuántas cosas: la sonrisa de los niños, la capacidad de resistencia de estas gentes, la vida a borbotones que emana de cada chabola… Entonces te levantas, dispuesto a parar otro golpe.

A veces son cosas cotidianas. La luz y el agua se van a diario. Es algo normal y hasta puede parecer divertido la primera vez. O el primer mes. Pero resulta que es lunes y vienes de jugar al fútbol, con arena hasta en las orejas, los pies negros, la camisa adherida a la piel. Y no tienes ducha para lavarte. Y te da vergüenza quejarte porque los vecinos no tienen agua para beber. A su lado eres sólo un baefono protestando sin adaptación al medio.

Pero es que otro día vienes de Acra, bien podría ser un martes, y esta vez se te dio mal de verdad. Tardaste cuatro horas de ida y cuatro de vuelta, metido en un tro-tro que paraba cada cinco minutos. Estabas pegado al asiento. Lo compartías con otra persona. Tuviste mala suerte y ni siquiera lograste uno propio. Sudabas. Y el olor en el vehículo era intenso porque quien viajaba cerca de ti acudía al mercado de Kasseh para vender cuatro tilapias y un puñado de peces ahumados -que no sabes nombrar en español- . Y era tan temprano que se te revolvió el estómago. Y a punto estuviste de liarla con un amago de vómito. Y te hubieras convertido en un baefono blandito y quejumbroso.

Y en Acra, según ibas hacia la administración, recordaste las palabras de la máxima autoridad judicial del país. Se llama, Teodora y te la encontraste hace meses en el pueblo, cuando inauguraron el mismo juzgado en el que han pretendido timarte hace unos días. “Nadie debe pagar un soborno por un trámite administrativo legal”. Y sabes que es mentira. Te hacen esperar horas y horas sentado en una silla incómoda, sin darte ninguna información. Hablan de ti en su lengua local lanzándote miradas furtivas. La guerra psicológica está en marcha. Y se sienten vencedores porque son los dueños del tiempo y saben leer tu ansiedad. Y te han visto tres veces en esa ventanilla. Y saben que van a ganar. Pero esta vez no ganan. Porque te rebelas. Y por eso te ha tocado comerte este viajecito a Acra, de gratis, por listo y por blanco.

Y si no es la funcionaria de turno, lo será el policía que te da el alto en la carretera. Te mira con cara de perdonarte la vida, te pide los papeles, revisa tu pasaporte y te indica que, si quieres seguir, debes darle una propina. Y te niegas, como siempre, con una sonrisa, levantando las gafas de sol, mostrando que tú no ocultas nada, que no tienes miedo, que eres un voluntario que ayuda a la comunidad. A su comunidad. A sus hijos. A los de su hermana. Y a los que se ponen por delante. Tú no vas pidiendo papeles a nadie para echar un cable.

Otro día cruzas la frontera por Aflao, otra vez, con dirección a Togo, porque es más fácil este trámite que pelear durante días, semanas o meses con otra funcionaria amargada y estreñida en la oficina de inmigración de la capital del país. Para que te dé largas, luego, alegando que el tipo que firma la solicitud se ha marchado justo dos minutos antes de que llegaras. Y tendrás que regresar en otro momento. Siempre se va cuando tú apareces. Qué casualidad.

Pero no hay problema, tú eres duro y llegas fácilmente a Lomé. Y lo pasáis bien porque es una ciudad agradable cuando se va de turismo. Y tiene mucha alegría en sus calles. Y algunos restaurantes buenos. Y lugares donde la música te hace vibrar. Y la mujer de un suizo, togolesa, te corta el pelo gratis, por el placer de hacerlo. Y te reconcilias con África. Y con sus gentes. Y todo es maravilloso.

Y resulta que es la Final de la Champions League y Monsieur Mariscal Didier Drogba marca para el Chelsea cuando va a expirar el partido. Y el tipo es tan machote que tira el penalti decisivo y marca. Y no le importó haber fallado unos meses antes frente a Zambia en la final de la Copa de África. Él es un señor, un ganador y representa el espíritu de este continente. Y por eso en todos los bares de Lomé, de Ghana, dicen que de Burkina Faso, Níger y, por supuesto, Costa de Marfil se celebra esta victoria como propia. Tan necesitada está África de victorias que con poco se conforma. Y tú también estás feliz. Porque te gusta ver a la gente contenta aunque sea por el resultado de un partido de fútbol.

Y con ese buen rollo regresas a la frontera, con las pilas cargadas, para volver a casa, donde te espera la rutina, el trabajo, el esfuerzo, las dudas, la lucha, la satisfacción. Pero te encuentras a otro policía que deja pasar sólo a Elena y a ti te retiene diciendo estupideces que no son verdad. Ambos sabéis que sólo quiere sacarte un poco de dinero. Los funcionarios cobran poco y siempre te la lanzan, por chicuela. Pero tú envidas a grande. Tu lenguaje corporal dice que no vas a pagar. Ni al tipo que quiere cobrar un cedi por ver que tienes la vacuna de la fiebre amarilla en regla ni al jefe fronterizo que durante una hora sigue haciendo preguntas absurdas para ver si te coge en un renuncio. Aguantas, aguantas, estás tranquilo y al final cruzas la barrera. Pero detrás vienen tres holandesas, jóvenes, voluntarias y escuchas cómo les piden 150$ por una visa que no vale más de 30$. Y no te dejan volver atrás y ellas no alcanzan a ver la seña que les haces, dúplex, para que no les estafen, para que estén firmes y no se rindan. Pero ceden. Son víctimas de este atraco legal. Estamos a mediados de mes. Cedis a la buchaca para un miembro destacado de la burocracia de un país de renta media.

Y otra vez vuelves a la administración de Acra, cada vez más desanimado. Ya no sabes qué día es, tal vez miércoles. Estás en el Registro General para que te den un papel importante. Vuelva usted mañana. Y vuelves. Venga otro día. Y regresas. Pague usted una tasa, pero no le doy recibo. Y preguntas en tu Embajada. Y te dicen que es así. Entonces 300$ te parecen demasiados. Y lo dejas en 200 cedis porque, señor corrupto, soy voluntario y eso es más de lo que pagamos por el alquiler de la casa un mes. El tipo te mira con indiferencia. A la vez que resuelve tu trámite, se hace con un bolso para su mujer. Ese es el impuesto revolucionario que una ciudadana ha pagado para acelerar su gestión.

Si no lo haces, tu solicitud dormirá el sueño de los justos. Y te revuelves. Y lo dices. Y vuelves a informar a tu Embajada. Y sientes impotencia. Y todo el mundo sabe que es un soborno pero nadie hace nada. Y tú no te lo explicas. Y sabes que en España a ellos les tratan peor. Pero tú no tienes la culpa. No tienes que pagar porque tu Gobierno y el de la Unión Europea blinden sus fronteras, ni porque tus policías tengan comportamientos racistas ni por tantas otras historias a las que precisamente te opones. Y no sabes por qué ocurre esto. Y no quieres que ocurra. Y es una vergüenza y todo el mundo parece estar en el ajo.

Sales a la calle con las manos en los bolsillos, eres un soldadito marinero que camina, sin prisa, por un asfalto que se te pega a las suelas con cada paso. Y te llaman blanco. Obroni. Y te chistan. Y quieres que te dejen en paz. Que no te molesten. Que no te traten como si fueras un marciano. No quieres que cada dos minutos te pregunten adónde vas, qué haces aquí, cómprame un puñado de cacahuetes. Quieres un poco de tranquilidad. Rumiar tus circunstancias. Confundirte en el caos de los coches sin que te atropellen. Sí, eres un urbanita y a veces el anonimato de la Gran Vía no es tan malo. Entonces te acuerdas de una noche, junto a Dani, en Lavapiés, hace una eternidad. Y de una pintada que os llamó la atención. “Al César lo que es del César…. 23 puñaladas”. Y sientes que llevas unas cuantas en la espalda.

Estáis construyendo una escuela para niños pobres de la calle. Trabajas en la Radio comunitaria. Elena lo hace en el hospital. No hay regalos para todos. Vivir en África Subsahariana es apasionante. Pero también duro. Y difícil. Hay muchos momentos.

Llegas a Ada en viernes y quieres encontrarte con un amigo para tomar una cerveza. No están. Los colegas locales desaparecieron cuando dejaste de pagar las consumiciones. No quieres que miren más tu billetera. Así que coges una caja de birras y te vas para kely. Este no es un lugar bucólico. Aquí la miseria es sangrante. Nadie tiene para vicios. Si el blanco paga, todos contentos. Si no, mala suerte, ya vendrá otro. Por eso, te encierras y pones otra vez música. Y te imaginas en el Maneras, en el corazón de Chamberí. El barrio de tu padre. Y tu última morada antes de partir hacia estas tierras. Y recuerdas a Carlos, su mirada comprensiva, mesándose los cabellos, haciéndose la coleta. Le ves encendiéndose un cigarro de esos que ya no le dejan fumar. Te abre una Mahou. Él se pone otra. Y chocáis los tercios, en silencio. Y aparece Eloy. Y comparte la escena, con discreción, ajustándose las lentes y dando un trago corto a su botella sin plomo.

Pero fue un espejismo. Ahora estás sentado a la mesa, para el desayuno o la cena, cualquier día, sucede siempre. Encuentras los rostros desesperados de mocosos de cinco años pidiéndote las sobras. Josaia, Forgive, Mesi, Eduard, Enok, Prince, Benedicta…Y te revuelve. Y te indigna. Y no sabes si cerrar la ventana y meterte debajo de la mesa. Porque ellos no se van. Te acompañan sus voces: “baefono, biscuits”, “baefono rice”, “baefono, baby chop chop”. Y conoces a la familia. Habéis intentado ayudarles. La mujer tiene 40 años y acaba de tener su decimoprimer hijo. No puede alimentarlos a todos. Un día sacasteis comida. Poco después había una fila de gente aguardando su ración. Y si no das nada, se quedan en tu puerta. Claro que lo comprendes. Tienen hambre y el hambre es cruel. Y tú tienes dinero. Al menos más que cualquiera de los que te rodean en la comunidad. Y ellos ni saben ni quieren entender que eres voluntario. Y que esto será pan para hoy y hambre para mañana. Y seguirá mientras no haya trabajo ni reparto de la riqueza. Ni lleguen a las personas los dividendos de ese petróleo que dibuja cifras magníficas en las estadísticas del país. La Noruega de África le dicen a Ghana. Pues estos no viven como noruegos, ni siquiera como griegos.

Por fin, llega la noche. Y te acuestas. Estás cansado, derrotado, quieres descansar diez horas. Pero comienza un funeral. La misma música machacona de siempre en la Iglesia de Pentecostés. Durará todo el fin de semana, como poco. No se puede dormir. La comunidad está de fiesta una semana tras otra. No tendrán para cubrir las necesidades básicas pero se empeñan hasta las cejas para despedir a los suyos con dignidad. Y es bonito, pero jode cuando están en la ventana de tu dormitorio. Feligreses danzando con sus linternas, chupando whisky en monodosis de plástico, bebiendo a gollete licores destilados en cualquier caseta y vino de palma caliente y fermentado dos días antes. Velan a sus muertos. Y tú eres insensible por querer planchar la oreja.

Y ya es por la mañana, temprano. Y empieza otro día. No tienes mucha energía, pero te levantas y vas al baño. Sigue sin correr agua por el grifo. Y Mr Narty tiene puesta la radio desde las seis de la mañana. La sintonía de Radio Ada te taladra la mollera. El casero es simpático, tienes un montón de anécdotas con él, pero también es un viejo avaro que sólo mira la pasta. Hoy toca limpieza. Te dice que sí. Siempre dice lo que que quieres escuchar. Y es una pena. Porque es falso. Y pasará un día. Y otro. Y al final lo harás tú, a pesar de haber pagado por ello y pensar que generas empleo local.

Y traerás gente a dormir a tu casa y te dirá que pagues un extra por ellos. Porque gastan luz y agua. Pero si apenas hay luz ni agua. Y siempre querrá más. Y no tendrá en cuenta que pasas mucho tiempo con sus hijos, educándoles noche a noche, que cuidas su hacienda cuando no está, que le ayudas con las tareas, que confías en él. No. Sólo le importa tu dinero. Y eso también duele. Porque tú no eres un hombre de negocios. Ni te interesan. Él es un pobre diablo que no mira más allá de hoy y no valora más que los billetes que guarda bajo llave. Y cansa ponerse siempre en el lugar del otro porque nunca nadie se pone en el tuyo. Y así también es África. Y todo esto te ayudará a crecer, lo sabes. Pero a veces no quieres crecer más. Ya te ves bastante talludito. Da igual. Esto son emociones fuertes.

Tu espalda burguesa necesita un colchón adecuado o un sofá. Y tu paladar, un café de verdad. Y tu corazón necesita ver el rostro de tu madre. Y de tus hermanos. Y te llaman. Y te gusta. Y les echas de menos. Y no te rindes porque ellos se sienten orgullosos de ti, de Elena, de lo que hacéis.

Te encuentras con algunas personas con las que colaboras. Saben que te marchas a finales de agosto o a primeros de septiembre, nunca prestan atención, por más veces que lo digas. Y entonces saben que se les acaban las oportunidades de quedarse con algunos cedis más. Y aprietan. Y se quitan las caretas. Y tú les dices: “Los billetes no son mangos. No crecen en los árboles”. Y se ríen. Se ríen mucho. Y a ti no te hace ni puta gracia porque estás muy serio. No son todos. Son algunos. Pero son de tu círculo y te cogen con la guardia baja.

Y encima siguen las nubes. Y vienen las lluvias que aquí son como diluvios universales. Y los casos de cólera se disparan. Y hoy se habla de 17 muertos y 640 casos sólo en Acra el último mes. Y otros dicen que hay más. Y el cerco de la malaria se estrecha. Y la gente enferma. No tienen mosquiteras. Viven junto a aguas estancadas. Serán víctimas inminentes. Y se lo dices a los curas, a los pastores, a los reverendos, a los chiefs, a los líderes comunitarios. Y hablas con el gobierno local. Y te dicen que vayas a rezar. Y tú no quieres rezar. Y te miran como si fueras un blanco que no se entera de nada. Y la cabeza te da vueltas. Y dicen que no les entiendes. Te responden que tú eres baefono y los sábados te vas a la piscina. Y los fines de semana bebes vino. Y una vez fuiste a una isla privada. Y te piden más plata. Te preguntas si hacía falta venir para esto. Te enfadas mucho. Y entonces reculan. Se achantan. Y estás tan confundido que sólo necesitas escribir este post o que suene una canción. “Es sólo una canción pero me siento mejor”.

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28 comentarios on “Síndrome de Baefono”

  1. Elena dice:

    Madre mía, qué duro! Eres más fuerte que un roble, amigo. El otro día, viendo a Rosendo, nos acordamos de ti y de las cervezas que nos vamos a tomar cuando volváis. Qué pena la gente que no tiene ningún sitio al que volver. Mucho ánimo. Un abrazo

    • ángel gonzalo dice:

      Hola, colega:

      Muchas gracias. Claro que nos tomaremos esas cervezas. A la salud de Rosendo. Y al enemigo, pan de higo. Se os quiere.

  2. Miriam dice:

    Increíble Ángel. Aunque lo que me dices no es ajeno, y no hablo de África ni de cuando estuve en Bolivia, sino que hablo de ESPAÑA. Tengo un trabajo muy interesante y muy bonito, alucinante de hecho, tanto que por ello he aparcado un poco el hecho de cobrar por ser periodista para pasarme, aunque sea un tiempo, disfrutando y realizando otra actividad: la de buscar el desarrollo personal y colectivo de la empresa en la que trabajo, que tiene 100 trabajadores. Empresa PRIVADA (este dato es importante). Me pagan 40 horas a la semana por solucionar cualquier problema a nivel individual y de grupo que tengan los trabajadores. CUALQUIERA. Laboral, personal, formativo… Lo que sea. Tenemos una estructura autogestionada de grupos de 6 personas máximo, con un líder, ese líder motiva y representa a ese grupo, además de tener autogestión en el trabajo e incluso autogestión en el reparto de ciertos beneficien que se generen. Tenemos un boletín cultural hecho por todos, hacemos actividades, vídeos… Bueno, así muy muy muy a grosso modo.

    Por ejemplo: si tú un día te levantas y tu hijo / pareja / perro están enfermos, vomitando, etc. nadie te coacciona para que vengas sí o sí, o te quitan el día de vacaciones o no te pagan ese día. Se es flexible. Lo mismo con otros asuntos que a cualquier persona humana le pueden surgir.

    Resumiendo: hay muchos beneficios aparte del lógico del salario. Pero, al final lo que mira la gente es el salario. Hay varias franjas y en realidad da igual en cuál estés: el que cobra 18.000 quiere más y el que cobra 25.000 quiere más y el de 27.000 quiere más…

    Y cuando tú les comentas que estás currando por ellos y sólo por ellos, y que la empresa pone a una persona con total autonomía para ayudar a todos y cada uno de los curreles, les da absolutamente igual. Como tú dices “sí, sí, cuida a mis hijos y todo lo que tú quieras, pero ¿dónde tienes la plata?”

    Hay una empresa china de teleco que están rompiendo fuerte en España. Pero los españoles contratados allí trabajan, literalmente, como los chinos. Vamos, que yo he estado allí y eso parece un telar asiático. Y con cámaras. Y con horarios que rozan la Revolución Industrial. Y sí, se van a currar allí porque igual cobran 5.000 euros más al año. Pues qué quieres que te diga.

    No sé a dónde vamos a llegar…

    • ángel gonzalo dice:

      Qué triste lo que dices. Será la crisis económica que nos vuelve a todos gilipollas. Ánimo y no pierdas los valores. Tú eres de las buenas y de las valientes. Sigue así. Un abrazo fuerte.

  3. Jimmie, Neus & Africa dice:

    Upssss! Este post si que me ha hecho recordar los cabreos q me pillaba yo por el mismo motivo. Es duro, pero blanco=dinero, y ya puedes ser su amigo, su vecino, su inquilino o la mujer de su hermano, ellos ven una oportunidad ……. Pero bueno, cabrea pero al final te acostumbras….
    Y lo de la burocracia?? Es un tema aparte, pero cabrea tanto tener q pagar cuando sabes q es gratis!!!
    O q en el mercado la comida sea mas cara para ti, etc etc…. Pero la experiencia y lo q tu te llevaras de alli vale eso y mucho mas……
    Un beso muy fuerte de los 3!!!!

    • ángel gonzalo dice:

      Pues tienes toda la razón. Al final, conviene estallar un poco para volver a llenarse. Esta experiencia nos está enseñando mucho mucho mucho. No la cambiamos, a pesar de las cosas malas, que también las hay. Muchos besos!!

  4. Teresa dice:

    Jopé tronko, me has dejado con el corazón en un puño… ya se que es fácil decirlo desde los madriles pero, ánimo chicos… Lo más duro es la incomprensión de los más cercanos, ciertamente, de aquellos que no entienden vuestras circunstancias y no miran más allá del color de la piel. Es una lucha titánica diaria contra tantas cosas que me asombra vuestra capacidad de resistencia, es normal que tengas días como estos… Y encima lo de ese racismo a la inversa, el que te discrimina por ser blanco por motivos exactamente contrarios por los que aquí se discrimina por ser negro. ¡Pongamos que hablo de Madrid!

    Perdón por la rectificación pero es deformación profesional… pero sería decimoprimer hijo, no onceavo (a los niños no se les debe partir en cachitos, pobrecicos ellos).

    Y hala, para terminar, un poema de Salinas que me pasaron ayer.

    “Y ahora, aquí está frente a mí.
    Tantas luchas que ha costado,
    tantos afanes en vela,
    tantos bordes de fracaso
    junto a este esplendor sereno
    ya son nada, se olvidaron.
    Él queda, y en él, el mundo,
    la rosa, la piedra, el pájaro,
    aquéllos , los del principio,
    de este final asombrados.
    ¡Tan claros que se veían,
    y aún se podía aclararlos!
    Están mejor; una luz
    que el sol no sabe, unos rayos
    los iluminan, sin noche,
    para siempre revelados.
    Las claridades de ahora
    lucen más que las de mayo.
    Si allí estaban, ahora aquí;
    a más transparencia alzados.
    ¡Qué naturales parecen,
    qué sencillo el gran milagro!”

    ¡Milagro el vuestro chicos, os queremos y os admiramos!
    Muchos besos desde el foro.

  5. Tesa dice:

    Vi un documental sobre una pareja de médicos blancos que vivían en Africa desde hacía muchos años, habían adoptado a una niña de allí, hablaban de su día a día sin grandes problemas, muy adaptados al entorno, pero me sorprendió que lo que más echaban de menos era los amigos. No habían conseguido tener un amigo de verdad en todos aquellos años.

    “Para ellos sólo somos blancos = a dinero”

    Lo he recordado mientras disfrutaba de este magnifico blues que hoy nos has contado. He sentido tu impotencia, tu cabreo, tu grito de yo también tengo mi corazoncito… y hasta las ganas de tirar la toalla.

    Creo, Angelito, que deberás esperar todavía un poco para encontrar la respuesta a tu pregunta “si hacía falta venir para esto” Tengo una ligera idea de por dónde va ir.

    Muchos, besos, y ánimo con la burocracia y la corrupción, que no se diga que no eres un fajador.

    • ángel gonzalo dice:

      Seguimos luchando. No nos rendimos. A veces esto es duro. La gente tiene una idea muy idealizada de África. A un lado, los parques naturales, los animales, la naturaleza salvaje… y a otro, el hambre, la pobreza, la miseria… Hay un montón de matices a la mitad. Y la respuesta a la pregunta es clara. Mereció la pena venir, claro que sí. A veces es bueno sacar lo malo para que no haga más daño.

      Aquí tenemos gente buena alrededor. Kofi, Ruth, Wilna… pero son gente más mayor o con una mentalidad muy conservadora. Echamos de menos gente más parecida a nosotros en cuanto a gustos, intereses… hay choque cultural. Pero seguimos. Merece la pena venir, a pesar de estos bajones. Abajo los burócratas!!!!!!!

  6. María dice:

    No sé que puedo decirte, me has dejado sin palabras. No te vengas abajo, en cierta manera es lógico que ellos actúen así. Vosotros regresaréis y otros irán… esa amistad interesada volverá. No creo que de momento eso se pueda cambiar. Pero lo que si que creo es que llegará un momento en que valorarán el tiempo que les habéis dedicado, el cariño desinteresado, el afan con el que habéis luchado para dejarles alguna noción de cómo pescar. No sois de los que dais el pez, quizás eso sea más fácil. Mucho ánimo.

  7. daniel dice:

    Desde el principio hasta el final, una de las mejores cosas que he leído nunca. Felicidades una vez más. No me ha gustado mucho porque uses un lenguage hermoso o porque hayas hablado objetivamente de problemas africanos, para eso hay otros textos…la razón por la que tanto me ha gustado tu entrada es por la cercanía que me aportas de la vida de un voluntario allí. Y para mí eso es de vital importancia pues algún día, espero que sea cercanp, quiero vivir en dicho continente. Tu entrada es una mirada realista del día a día que me puede tocar si finalmente decido ir. Ya no podré decir que no me avisarón 😉 un fuerte abrazo de otro madrileño emigrante (por suerte o mala suerte, yo vuelvo a casa a primeros de julio,tras haber pasado 2 años fuera en 3 lugares distintos)

    • ángel gonzalo dice:

      Muchas gracias. Es un placer encontrar gente como tú al otro lado. Cuando me propuse escribir el blog, lo hice desde la honestidad y la desnudez. Aquí se siente a 1.000 por hora. Es una crónica desnuda y a trompikones de nuestra vida aquí. Y la vida a veces no nos resulta fácil. Cuando hagas voluntariado fórmate todo lo que puedas, obtén toda la información que puedas antes de partir… Te ayudará a pasar los malos momentos. La experiencia merece la pena. Estamos aprendiendo mucho, incluso de lo malo. No cambiaríamos esto por nada. De verdad. Un abrazo

  8. Helga dice:

    Me has dejado impresionada, porque has escrito perfectamente lo que yo sentí en Ghana, en el poquito menos tiempo que tú has estado. No lo hubiera explicado mejor, punto por punto, y coma por coma. Sólo que encima, tú lo has escrito mejor. Así que mira, por esa parte, sí hacía falta que fuerais, aunque sólo sea para ésto 😉

    (Por cierto, a los que me llamaban “obruni”, montones de niños, les devolvía un “obinini” sonriendo…)

    Y ni te imaginas la envidia que me das cuando te leo desde aquí, pese a leerte desanimado como hoy… qué tendrá Ghana que engancha de esa manera?

    Ánimos enormes!

    Bss mil

    • ángel gonzalo dice:

      Muchas gracias, Helga. Elena me habla mucho de ti. Tenemos muchas ganas de verte cuando regresemos a Madrid y poder compartir experiencias. No sé por qué engancha tanto este país… pero a nosotros nos tiene atrapados. Por eso lo sufrimos y lo disfrutamos. Intensamente. No cambiamos la experiencia. Y sí, merece la pena venir y vivirlo en carne propia. Ayuda el sentimiento compartido. Muchas gracias y un beso fuerte,

  9. […] Ghaneantes, aviso para Share this:TwitterFacebookCorreo electrónico Permalink […]

  10. Carlos dice:

    Impresionante Ángel. Y eso que algo de lo que describes lo hemos podido comprobar estos días que hemos vivido con vosotros, aun así tu relato me ha hecho sentir pequeño, ignorante, parte de un mundo que se supone desarrollado y que no sabe donde va. Han sido unos días maravillosos los pasados en Ghana, en vuestro entorno, lejos de la “prima de riesgo” y esas tonterias… Ánimos, tanto Elena como tu estáis trabajando duro por algo que merece la pena. Gracias por vuestro tiempo, por tus espaguetis con atún, por esa ventana abierta a los vecinos, por este post, por habernos permitido participar unos días de vuestra libertad. Un gran abrazo para lo dos.

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias, Big man. En el Rub-Stone todavía están impresionados con tu movimiento de caderas. Recibiros ha sido un placer. Estamos bien, fuertes y con ganas de seguir. Merece la pena y nos ha encantado conocerte, así como a toda la delegación mallorquina. Habéis dejado huella. Un abrazo enorme. Estamos recién llegados de Ko Sa cerca de Elmina… Un paraíso, verdad?

  11. Elisa dice:

    Jesús y amén, como diría el pastor James (también Lady Gaga, pero me quedo con Morente, claro).

    Baefona por una semana no es nada, pero después de las sobremesas -largas a la española- que mantuvimos y leyendo este post, entiendo tu cabreocansancio.

    Inmersa otra vez en una rutina absurda, oliendo todavía a tilapia y risas, os deseo salud y alegría. Muchas gracias por la compañía, por el buen rollo y vuestra mirada crítica.

    Ah! Y por la caldereta de barracuda!

    Besos.

    • ángel gonzalo dice:

      Muchas gracias por venir, por compartir y por aguantarnos. Nos ha encantado vuestra visita y vuestro cariño y apoyo. Es un placer cocinar para vosotros y compartir una copa de vino. Gracias, gracias, gracias. Nos vemos en tu isla!

  12. Ángel,
    Otra vez me has hecho revivir mi experiencia de voluntaria en Chad, desde la risa de los niños hasta los policías pidiéndome los “gastos de administración” para que me devolvieran el pasaporte en los controles.
    La gente tiene una idea muy romántica de África. Vivir en un país pobre es duro por todos los motivos que tú has expuesto y muchos más, pero es posible hacer amigos. Cinco años después, yo todavía conservo algunos amigos chadianos que me han dado mucho y nunca me han pedido nada. Y muchos, muchos recuerdos, sobre todo buenos (los malos los fui dejando en el camino). La semana pasada, para conmemorar el día de África, le dediqué una entrada a una niña Kabalaye que me venia a ver todos los días.
    ¡Mucho ánimo y a coger carrerilla para el ultimo sprint!

    • ángel gonzalo dice:

      Tienes razón. No todo es malo y hay gente muy buena, mucho mejor que nosotros, a nuestro alrededor. Es gente que nos cuida y nos apoya. No es el concepto de amistad que tenemos nosotros o que necesitamos, pero sí hay gente a la que estamos agradecidos por su humanidad, desinterés, cariño y aprecio por nuestra labor. Y lo de los niños es impagable muchas veces. Hablar de África es hablar, a veces, de estereotipos. Es difícil generalizar. Escribo tal y como siento las cosas y a veces viene bien desahogarse. Seguimos con fuerza y con ganas. Y nos iremos con mucha pena a finales de agosto. La experiencia merece la pena. Mil gracias. África llama.

      • Desahogarse no sólo viene bien sino que es absolutamente necesario para relajar tensiones. Además, la mayoría de la gente tiene una idea muy romántica de África con lo que no está de más recordarles que también tiene su parte dura.
        Lo importante es no perder la perspectiva y, al leerte, se nota que tu ojo crítico te ayuda a tener los pies en la tierra.
        África llama, tanto, que os robará un pedacito antes de marcharos, un trozo de vosotros que se quedará allí para siempre, a pesar de la distancia.
        A seguir disfrutando de lo bueno… y de lo no tan bueno 🙂

      • ángel gonzalo dice:

        Gracias. Es un placer sentirse acompañado. Un abrazo enorme.

  13. Telomiroyasieso dice:

    No, no estáis en Torre Picasso, no 😦

  14. Esther Ferrero dice:

    No dejas de sorprendernos por tu lucidez y sinceridad!! Tremendo trompiko!!!
    Voy apurada… te llamo en unos minutos… y siempre respondes con tu “holaaa!” alegre… y generoso.
    Besos besos besos

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias a ti. La ventanita en tu programa para contar cómo es esto es suficiente motivo, algunos jueves, para sentirse feliz y recordar por qué vine. Un besazo


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