Tras los barrotes

Hace más de 10 años que entré por primera vez en el talego. Por suerte fue como visitante. Ocurrió en Valdemoro. Todos los sábados un grupo de voluntarios de la ONG Solidarios para el Desarrollo se reunían en una cafetería del barrio de Moncloa. Desayunaban antes de ponerse en marcha hacia diferentes prisiones de la Comunidad de Madrid. Otros voluntarios hacían lo mismo en Granada y Sevilla.

Aquella primera vez para mí nos acompañaba la escritora Espido Freire. Ella parecía más nerviosa que yo. Sin embargo, poco a poco fue metiéndose a los internos en el bolsillo. Dio una charla distendida y agradable. Acababa de ganar el premio Planeta y empezaba a despuntar en España. Lo que es la vida, ahora me ha dado por acercarme a aquella novela, “Melocotones Helados”, que descubrí con su autora en la cárcel.

Y es que la cárcel marca. Incluso cuando uno va de visita. Impresiona cuando se abandona. Llevo grabado en la memoria auditiva el estridente sonido de la última puerta que se cierra una vez que sales. Tú estás fuera. Ellos están dentro. Qué mal rollo. Igualmente, llevo grabado el mismo sonido de la última puerta que se cierra una vez que entras… ¿y si te quedas ahí? Qué mal rollo también.

Los voluntarios organizaban aulas de cultura en las cárceles, partidos de fútbol, exposiciones de fotografías, recitales de poesía y talleres de teatro y crecimiento personal. Xavi, periodista y agitador social, incluso montó una revista literaria de gran calidad escrita por internos, El Espejo del Perro, en el Centro Penitenciario de Soto del Real.

Solíamos decir que estas actividades, conferencias, presentaciones de libros o películas eran un soplo de aire fresco en un ambiente viciado. Silvia, Marisa, Sonia, Ada, Cristóbal, Juan, Beatriz, Alfonso, José Carlos, Carmen, María José, Quique, Chema, Teresa, David, Cristina, Alberto… eran los fijos cada semana. Algunos todavía siguen.

Personas y nada más que personas

La lección que aprendí en mis visitas a las prisiones es que los internos son personas. Ya ven, lo mismo les parece una obviedad. Pero con demasiada frecuencia se olvida.

Quienes allí nos esperaban habían cometido errores, delitos graves o auténticas barbaridades, pero eran personas en cualquier caso.

Recuerdo haber tratado con internos que menudeaban con droga, con otros que hacían de correo en vuelos directos que les llevaban del aeropuerto de Bogotá a prisión por cargar cantidades ingentes de cocaína encima, un preso del GRAPO cuya causa parecía ya desfasada y que seguía chupando condena sin esperanza de que fuera revisada, algún hombre de negocios influyente que había ocupado muchas portadas en prensa encerrado por asuntos turbios y pobres diablos a los que habían cogido con las manos en la masa dando un palo en una gasolinera.

Evitábamos preguntar por qué estaban allí. La sociedad, o la justicia para ser más exactos, ya les había juzgado. No queríamos que nos influyera su delito a la hora de tratarlos. Pero a veces era imposible no saber. Ellos no solían tener problemas en airear su curriculum. A todos, el juez les había tratado con demasiada dureza, su abogado defensor era un paquete y lo que de verdad había pasado es que se encontraban en el lugar equivocado y todo era culpa de las malas compañías. “Dame un trujas, colega, y a ver si nos encontramos fuera”. La libertad, cuando uno está en la cárcel, se convierte en una obsesión. Supongo que lo entienden.

Los centros de reclusión que yo he visitado: Valdemoro, Navalcarnero y Soto del Real precisaban mejoras. Una mano de pintura, una calefacción que funcionara mejor, más aparatos para el gimnasio, una biblioteca más completa, menos densidad de población por módulo, servicios y duchas un poco más decentes, más funcionarios para tantos presos, comida más variada, así como más asistentes sociales, más orientadores laborales, más psicólogos especializados y más recursos en los servicios sanitarios o programas de reinserción más desarrollados. Pero parecían lugares donde vivían personas. No eran tan desagradables como a veces los pintan la literatura o el cine.

Peor que a los animales

Hace cinco años, Elena y yo fuimos juntos a Brasil y navegamos una parte del río Amazonas, desde Manaos a Tefé, una pequeña ciudad enclavada en el corazón de la selva. Allí nos acogió el padre Melòn, de Togo, y su congregación de misioneros combonianos. Conocimos su trabajo social, admirable, y entre sus actividades estaba la de visitar semanalmente la prisión del lugar. El olor nauseabundo, el hacinamiento de personas en las celdas y la suciedad que les rodeaba nos dejaron impresionados. Fue un descenso al infierno. La imagen que yo tenía de las cárceles era otra, más humana. No digo que en España se trate de hoteles, porque no lo son, pero desde luego que se apreciaba una gran diferencia.

 Hace pocos días, en Ada Foah, fuimos a la comisaría de policía por un simple trámite administrativo. El oficial que atendía el mostrador no sabía resolverlo así que se fue a buscar al jefe, que vive en la parte de atrás del pequeño edificio policial. Es una especie de casa cuartel, como las que abundan por la geografía española y albergan a las familias de la Guardia Civil.

Durante su ausencia, aprovechamos para husmear. A la izquierda del mostrador, se encontraba el calabozo. Era una habitación de 3 x 3 metros y estaba oscuro. No había ventanas ni luz en el interior. Se escuchaban unas voces. Nos pegamos a los barrotes y vimos un panorama desolador. Varios hombres a medio vestir, sin un lugar donde hacer sus necesidades, sin camas donde acostarse, con colchonetas repletas de todo tipo de manchas y el mismo olor, la misma suciedad y la misma falta de higiene que hace años habíamos percibido en Tefé.

Amnistía Internacional denuncia

Días después, Amnistía Internacional presentó un Informe sobre la situación de las prisiones en Ghana y sus conclusiones son demoledoras. El hacinamiento es común en las cárceles de este país. Las infraestructuras son menos que mínimas. La comida es escasa y de mala calidad. Muchas veces son los familiares de los presos los que tienen que llevar los alimentos. Las condiciones sanitarias son precarias y la higiene brilla por su ausencia. Muchos internos orinan y defecan en un cubo de plástico, a la vista del resto de compañeros de celda. El agua es escasísima y no da para asearse.

Además, el sistema judicial es lento hasta decir basta. Actualmente, hay 3.000 personas encarceladas sin haber sido acusadas por un tribunal. Están esperando juicio. Algunas llevan años de tensa espera y siguen sin tener una fecha de audiencia.

Los condenados a muerte en Ghana -la pena capital sigue vigente aquí y el debate no parecen abordarlo los gobernantes- están separados de otros internos y no se les permite realizar actividades en los patios. Esto agrava su condena. En el momento de publicarse el informe había 138 personas esperando ser ejecutadas, aunque hace unas semanas otra más ha sido condenada a la horca.

Amnistía Internacional también dice que en muchas celdas no hay camas, ni siquiera catres,, sino colchonetas en el suelo. En ocasiones, cubren toda la superficie. Los cuerpos están unos junto a otros y no hay espacio vital para moverse o levantarse sin pisar o incordiar a la persona que duerme al lado.

En nuestra visita a la cárcel brasileña recuerdo que vimos hamacas. Aquí las colchonetas no superan los diez centímetros de grosor, están sucias y parecen tener muchos años de uso y haber servido a muchos inquilinos, sin una sábana que las cubra. El suelo está repleto de cucarachas y de otros insectos. Crecen, se reproducen y campan a sus anchas entre la suciedad. El clima tropical y la humedad tan elevada también aumentan la densidad del ambiente. Aquí sí que está viciado y ahora no es una metáfora.

Funcionarios, no carceleros

En Ghana muchos de los internos no han podido entrevistarse ni una sola vez con sus abogados sin la presencia de funcionarios que escucharan sus conversaciones. Imaginen qué impotencia deben sentir si ni siquiera pueden hablar con libertad.

Los testimonios de algunos funcionarios de prisiones coinciden con las denuncias de la organización de derechos humanos. Ellos también quieren cambios. Esta actitud es clave. Igual que en España. En mi experiencia y en la de otros voluntarios que llevan años trabajando en el entorno penitenciario, la gran mayoría de los funcionarios tampoco son como los de las películas, sino que también se trata de personas -otra obviedad- que hacen un trabajo público y no disfrutan con el sufrimiento ajeno, por lo que no tienen tendencia ni interés en agravarlo.

Entre los presos se dice que el funcionario lleva más condena que el interno. Al fin y al cabo a ellos los soltarán en unos años. Los otros tienen que esperar hasta la jubilación para dejar la cárcel.

Para que las prisiones cumplan su verdadero papel de reinserción es clave respetar las condiciones humanas en el trato a los internos. Nadie merece vivir en la inmundicia por muy grave que sea su delito. Los presos también tienen derechos humanos.

Un Estado democrático lo es más cuando protege a los más débiles de su sociedad. Y las personas encarceladas son un colectivo vulnerable. Recientemente, en Ghana se ha aprobado una ley por la que los presos podrán votar en las Elecciones Generales de diciembre. Es un buen avance, pero las autoridades podrían continuar y mejorar las condiciones de vida de quienes viven privados de libertad, al menos hasta alcanzar lo que marcan los tratados internacionales firmados y ratificados por el Estado ghanés. No es un capricho sino una obligación.

Ghana es un país que despierta en el escenario financiero africano y que atrae inversión extranjera. Es clave en la región y sus indicadores económicos son permanentemente reconocidos por la comunidad internacional e instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. No vale sólo con crecer en términos estadísticos para avanzar como país y como sociedad. Si Ghana no crece en respeto a los derechos humanos, su desarrollo será incompleto y seguirá siendo un país pobre.

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13 comentarios on “Tras los barrotes”

  1. Daniel dice:

    Me ha encantado la entrada de hoy y te diré por qué, mi padre es funcionario de prisiones, y trabajó durante muchos años en la prisión de Valdemoro. Como dices había cosas por mejorar, pero en su opinión, era un buen lugar para los presos. Ahora trabaja en Canarias, y allí dice que es mucho peor la situación: necesitan reformas porque la mayor parte de infraestructuras están viejas y en mal estado :S Sin embargo, estoy de acuerdo que no se puede comparar con las cárceles en otros lugares. Viví en Brasil 6 meses, y aunque nunca visité una prisión la gente me hablaba muy mal de ellas, y sino también tienes películas como Carandiru que dan una muestra de lo que son… Justo hoy he estado con mi amigo de Ghana, el chico que te conté habla ashanti, y además de reconocer la región de Ada (aunque lo mío me ha costado ya que no lograba identificarla debido a mi pronunciación xD), le hablé de tu blog… le estoy enseñando a leer, y una de las cosas que ya puede decir, es que de las primeras cosas que leyó en su vida, fue tu entrada sobre la libertad de prensa en Ghana 🙂
    saludos!!
    ps. Apoyo totalmente esa visión reinsertora que crees deben desempeñar las prisiones. Ya que el simple castigo, no ayuda a la sociedad ni al preso, la reinserción a ambos.

    • ángel gonzalo dice:

      Puedes sentirte muy orgulloso de tu padre. No tiene un trabajo fácil. Probablemente nos conozca de Valdemoro.
      Sé que en Canarias la situación es distinta. No he visitado las prisiones pero sí un centro de internamiento de menores extranjeros hace cuatro años y conozco la situación de un mal llamado reformatorio. Hay mucho por hacer.
      Hey, qué orgullo lo de tu amigo. He visitado kumasi y la región ashanti varias veces. Son el orgullo de Ghana. Sabes que todavía mantienen una dinastía real heredera de uno de los imperios históricos africanos? Su pueblo es de tradición oral y he escuchado magníficas leyendas. Sufrieron mucho durante el colonialismo. Su región es rica en oro y recursos naturales. Fueron masacrados. Mil gracias

  2. Hace exactamente un año y dos meses estuve por ahí, y me encantó el país. Y, sí, estuve en Ada Foah como paso intermedio para llegar a la frontera con Togo. Atravesé el rio Volta hasta Saviétula, creo que así se llamaba, en una pequeña canoa conducida por un poliomielítico (una bella persona), y disfruté del relax de sus aguas.
    Te seguiré leyendo.

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias. Ayer mismo hicimos el trayecto inverso desde Togo. Y volvimos a navegar estas aguas. Es increíble cómo la gente se busca la vida para sobrevivir, eh? Mil gracias

  3. Alfonso Fajardo dice:

    Qué pasa tronco, qué alegría saber de ti. Me he leído todo el blog mientras me atizaba un par de gintonis. Enhorabuena.
    Hace muchos años estuve en Ghana, hace un par de semanas en Benín, tan cerca, tan diferente y tan similar a la vez. Lo reconozco todo en tus escritos: la cárcel de Kondengui, en Yaundé, las playas llenas de minas y plásticos, los funerales, la maravillosa gente, la burocracia, los viajes en transporte público, los taxis compartidos, el tiempo africano..
    Un fuerte abrazo, te seguiré, y si te puedo echar una mano en algo desde aquí, no dejes de hacérmelo saber.
    Mucha pasión trasmites, si señor.

    • ángel gonzalo dice:

      Lo mejor que puedes hacer en ponerme uno de esos gintonics y encender un cigarrito. Luego nos sentamos y conversamos sobre África y sobre la vida. Por suerte, ahora no sólo tendré que escuchar. También podré aportar algo. Muchas gracias. Tú me metiste el veneno de este continente, y Cristóbal, y José Carlos. Al final yo he cogido mi sabático para ver qué se puede hacer por aquí. Y tengo la suerte de compartirlo con Elena. Estuviste en Benín hace pocas semanas? Próxima vez, vente a visitarnos. En 2 meses nosotros bajamos a Benín. Cada dos meses salimos para renovar visado y hemos decidido ir allí. Puedes darme algún contacto o sugerencia? En la home del blog, pinchando en mi foto, y bajo el rollo de quién soy está mi contacto.
      Aquí andamos construyendo una escuelita para 97 niños de la calle. Ya sabes que es imposible venir aquí y no implicarse hasta las trancas. Si te interesa, me escribes un email y te cuento con más detalle. Y sí, escribo con pasión, a pesar de ser un maldito vikingo. Me hubiera gustado ser un indio, como tú, pero no supe rebelarme a tiempo. Qué desfachatez. Muchas gracias y un abrazo fuerte. Mi chica es casi canaria, también ahí sigo tus pasos. Gracias, colega, te aprecio mucho.

      • Alfonso Fajardo dice:

        De hecho, en mi recuerdo, que todo lo bueno lo mejora, estaba convencido que eras un indio de los pies a la cabeza. No me podía imaginar que fueras seguidor del otro equipo grande de la capital, hasta que leí en un post que celebrabas la victoria en San Mamés que os daba el título de liga. Aún así me resistí, y pensé que quizás era una licencia literaria para llegar al gran público. A ti se te perdona hasta eso, de todo tiene que haber en la viña del señor.
        Te escribiré al mail y hablamos con más “trantimidad”.
        Un abrazo enorme.

  4. Tesa dice:

    Hola, Angelito, ayer domingo estaba leyendo en el colorín de El País el reportaje sobre Ghana y pensando qué diferentes eran las fotos que lo ilustraban de las que tú ponías por aquí y esa visión blandita de un país emergente sin mostrar la situación de la mayoría, entonces vi que os nombraban a Elena y a ti, así que imagino que estáis al tanto de lo que se cuenta en él.

    En cuanto al tema de tu post, me toca de pleno. Xavi y yo conocimos el voluntariado en la cárcel por ti, y al final fueron 7 años yendo al Soto del Real, cuando vivíamos en Madrid.

    Cuando nos quedamos sin subvención para la revista del “El espejo del Perro” hicimos otra totalmente manual, ilustrada y encuadernada a mano, una pasada que conservo junto con las experiencias de la gente que allí conocí.

    Y sí, no era un hotel de lujo, como se cree la mayoría, en las cárceles hay mucho sufrimiento, pero las españolas comparadas con otras como ésta que describes y muchas de paises latinoamericanos que nos contaban al menos son dignas.

    No creo en el castigo ni en la humillación, lo que más valoraban las personas con las que compartiámos, literatura, arte, confidencias, alegrías cuando conseguían un permiso o una revisión o consuelo cuando era todo lo contrario, era la normalidad en el trato.

    “Que nos tratéis como personas es muy importante para salir adelante” nos decían.

    Mantengo algún amigo de esa época y muy buenos recuerdos, Si tienes un rato tonto, puedes ver un post que les dediqué en mi antiguo blog.

    http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=2860165422742103264#editor/target=post;postID=4202591725122967036

    Muchos besos,

    • ángel gonzalo dice:

      Pensaba que tú andabas en el taller de teatro, con Blanch y no tanto con la revista. Maldita memoria. Tampoco sabía que había seguido de forma artesanal. Sólo guardo en Madrid los primeros ejemplares.
      A mí me ha gustado el reportaje de El País. Pero sí que hay una gran distancia entre las buenas cifras económicas de Ghana, que son reales, y la realidad, por ejemplo, de la gente de a pie, de mis vecinos, sin agua, luz ni electricidad. El contraste es brutal. Las fotos de EPS también son reales. Este país quiere pero no puede. Nosotros somos más pesimistas. Los beneficios del petróleo no son para todos y dudo que cambie a corto plazo. Pero me gusta que muestren una Ghana en positivo. Existe y a ella hay que agarrarse para no tirar la toalla. Nosotros estamos más contaminados por una realidad que nos absorbe 24 horas. Ahora estamos construyendo una escuelita de cero. Los niños están sucios, hambrientos y sin escolarizar junto a los chalets y mansiones de blancos o políticos locales. Pero hay gente minoritaria de clase media que quiere crecer. Ellos son los futuros líderes y son los de las fotos, imitan a los occidentales en vestimentas y usos, cómo Reuben, el conductor, y luego hay días en los que ni le llega para gasolina o comer más de una vez al día.
      Un beso y mil gracias!

    • ángel gonzalo dice:

      Ahora sí. Esta es la historia verdadera del espejo del perro. No recordaba un final tan amargo. Sin duda, la cárcel es una experiencia que marca, eh? Y siete año dan para mucho. Hicisteis un trabajo enorme. Viste en la calle a la pareja que citas? Un besazo!

      • Tesa dice:

        Sí, mantuvimos el contacor hasta que se fueron los tres a vivir a Mexico, parece que siguen felices, lo sabemos por otra de las personas que avalamos para que pudieran salir de permiso y que todavía anda por Madrid. .

        Toda un experiencia, Ángel.

        Y sí, a mí tambien me gustó el reportaje sobre Ghana, sólo que al principio me chocaron las fotos con lo que tú nos muestras.

        A ver para cuando vemos tu visión en el mismo periódico, estaria muy bien.

        Besos,

      • ángel gonzalo dice:

        Esa sí que sería una buena historia. Y sí, molaría que ese u otro medio me encargara algo. Antes de venir lo intenté y todo el mundo sabe que ando por aquí, pero no cuaja nada. Un abrazo!!


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