La sal… ¿para quien la trabaja?

Esta es la historia de un conflicto tan antiguo y repetido que parece mentira que se reproduzca con tanta asiduidad en las distintas latitudes del mundo. Es un conflicto sobre la propiedad de la tierra y sobre los derechos de explotación de lo que esta produce. Bueno, no es estrictamente tierra… En esta ocasión se trata de sal y de la laguna de Songor, un enclave natural a las afueras de Ada Foah, al sureste de Ghana, con una extensión de casi 383 kilómetros cuadrados, según fuentes gubernamentales.

Al menos 65.000 personas viven en la zona -unos miles más durante la época de extracción más intensa-. Tienen desde hace años el alma en vilo y dos espadas de Damocles sobre sus cabezas. Por un lado, la de perder su trabajo, que consiste en obtener sal de esta laguna, llevarla al mercado en sacos de 25kg o venderla al mejor precio posible. Y por otro, la de perder sus hogares, ya que podrían ser desalojados de las proximidades de la laguna para que las empresas privadas con el consentimiento del Gobierno construyan una plataforma de explotación moderna. Es un viejo conflicto que reabre el debate del desarrollo. Dos mundos opuestos condenados a entenderse… o a enfrentarse.

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De acuerdo a la información oficial, la laguna de Songor concentra la producción de sal más importante de Ghana. La estimación del Gobierno es que esta laguna puede producir más de un millón de toneladas año, cuando en la actualidad sólo está produciendo 115.000. ¿Por qué? Porque, de momento, la mayor parte de su explotación la realizan de forma artesanal, durante la época seca, pequeños grupos de trabajadores. La propuesta del Gobierno es realizar la explotación a gran escala, con maquinaria avanzada y desarrollando una industria alrededor. Para ello, realojaría a las personas en otros lugares y daría trabajo a los que pudiera en la propia laguna.

Ghana y Senegal son los grandes exportadores de sal de África Occidental y compiten por exportar un producto natural vital para los habitantes de la zona, muy apreciado para el consumo humano y la conservación de alimentos. Piensen que se trata de lugares donde la electricidad todavía hoy es una quimera para miles de personas.

La tierra de los antepasados
Históricamente, el terreno pertenece a las comunidades asentadas desde antes de que existiera Ghana -1957-. Llegaron aquí hace siglos, se dice que procedentes del Valle del Nilo, descubrieron la laguna y tomaron posesión de ella. En África la tradición es oral y la Historia se cuenta sin fechas a través del boca a boca y generación tras generación, al menos hasta hace poco, cuando intelectuales y universitarios locales -y algunos extranjeros- empezaron a plasmar el pasado sobre el papel.

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Las 15 comunidades de la laguna de Songor están agrupadas en 10 clanes, cada uno con su propio chief, autoridad local sin papel administrativo real pero muy respetado por la cultura local. De los 10 chiefs, y aquí empiezan las confusiones, cuatro son considerados por la corriente tradicional como los únicos con poder de negociación real, ya que afirman que los seis restantes representan a comunidades que se asentaron en la zona más tarde. No todas las partes implicadas opinan igual.

Según la ley no escrita del lugar, a nadie que pertenezca a cualquiera de estas comunidades se le puede negar nunca el trabajo y el beneficio de la sal que obtenga. Cualquiera podía y puede llegar allí, asentarse y trabajar, con el consentimiento del chief de turno. Así han funcionado siempre y así quieren seguir funcionando.

El Estado quiere la tierra
Sin embargo, las autoridades tienen otra postura. Desde los años 70, dos empresas de explotación -una ghanesa y una multinacional- presionan a las autoridades para que promulguen leyes que les permitan extraer y comerciar la sal de Songor.

El Gobierno ha probado varias estrategias para hacerse con el control. Lo intentó por la fuerza bruta durante la época del gobierno militar de Rawlings y en 1985 una joven, Margaret Kuworno, Maggie, embarazada, murió tras los disturbios provocados por la policía, que entró a sangre y fuego en las comunidades próximas a la laguna, desalojó a sus habitantes y tomó el territorio. Maggie se convirtió en una mártir local. No fue el primer enfrentamiento pero sí el más violento de la historia contemporánea de la laguna. La presión popular posterior hizo que las fuerzas del orden tuvieran que retirarse, aunque el Estado se apropió de una pequeña extensión, que posteriormente cedió a dos empresas extractoras para que trabajaran en la zona.

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A lo largo de los años se ha logrado un equilibrio tenso entre las partes. Las empresas han querido más territorio y han firmado acuerdos que no todos reconocen como válidos. En estos años, algunos chiefs han vendido parte de “su” terreno sin informar a los habitantes – recibiendo regalos y dinero a cambio- lo que ha encendido aún más a la población y ha provocado una gran desconfianza. Si el chief ha vendido el terreno sin consultarme, el chief no me representa, es un corrupto y no acepto esta decisión. Pero no todo el mundo ha sido capaz de volverse contra su propio chief.

La vuelta a la democracia de Ghana en 1992 también trajo cambios en los métodos para hacerse con la propiedad de la laguna. El Gobierno considera, a raíz de la Constitución aprobada ese año y el conjunto de normas legislativas desarrolladas después sobre este respecto, que todos los minerales que se producen en el país son propiedad del Estado. Y la sal entra en esta categoría, igual que el oro o el petróleo, otros de los ricos recursos naturales de este país.

La Carta Magna les da el derecho de explotación y se ha plasmado en un plan de acción que no se ha negociado con toda la población local y que lleva desde 2004 pendiente de ejecución.

Una cooperativa, una voz…
La mayoría de las comunidades están dispuestas a resistir y a luchar por lo que consideran suyo, su modo de vida y el lugar donde están sus hogares y el resto de pequeños puestos de trabajo que se han generado alrededor: mujeres que venden comida, agua o crédito para móviles a los trabajadores. En 1984 para proteger sus intereses nació la cooperativa de defensa de la laguna de Songor, en la que están representados muchos trabajadores, aunque no todos.

Sin embargo, la división y diversas actuaciones de los distintos agentes implicados le ha dado al gobierno la excusa perfecta para afirmar públicamente que no tiene con quién negociar y que por tanto aplica la ley a su manera.

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… Y un ejemplo de democracia
De esta guisa, llegamos a la actualidad y a Radio Ada, que como emisora comunitaria y defensora de la identidad de las comunidades del distrito Dangme, entre las que se incluyen Songor y otras, pretende mediar en el conflicto.

Para empezar, ha generado encuentros entre las empresas, los chiefs, el Gobierno, los políticos, la cooperativa y la ciudadanía, basados en tres principios clave: libertad de expresión, respeto mutuo y rendición de cuentas. Estas reuniones se celebran cada dos meses, son abiertas -he participado en tres de ellas- y, además, se realiza un programa de radio con las novedades sobre lo que se discute, dando voz a todas las partes e informando a la ciudadanía veraz y puntualmente.

Hay testimonios interesantes. Cynthia Dornukie Setiameh, perteneciente a la comunidad Goi, una de las más afectadas y amenazadas de desalojo, declaró hace poco: “Si ellos quieren realojarnos en otro lugar, nosotros queremos que la laguna nos siga adonde vayamos… nuestra mayor ocupación aquí es obtener sal… Nosotros no sabemos hacer otra cosa. ¿Qué vamos a hacer en otro lado? ¿Cómo vamos a alimentar a nuestros hijos o a pagar las tasas de las escuelas?”

Durante el último encuentro celebrado a finales de marzo, uno de los chiefs tradicionales habló claro sobre el sentir popular: “Nadie puede separar a las personas de Ada de la laguna de Songor. Culturalmente, la laguna de Songor es parte de las personas de Ada y las personas de Ada son parte de la laguna de Songor. Define nuestra identidad”.

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Por su parte, las empresas también intervinieron y a través de sus portavoces expresaron la oportunidad de empleo local y mejora para los jóvenes de Songor que generaría la nueva industria. Las autoridades, apoyándolas, añadieron los avances que podrían traer en unas comunidades donde sus habitantes no disfrutan de los servicios básicos ni de infraestructuras mínimas, y donde el trabajo infantil es una realidad.

Y así están las cosas ahora, en la fase de la discusión, la participación y la búsqueda de soluciones democráticas. Como observador, una vez más, África me brinda una lección. A pesar de que muchos de los habitantes de las comunidades son iletrados -el 32% nunca pisó una escuela-, su determinación y espíritu de lucha es inmenso. Se enfrentan a un enemigo poderoso, Gobierno y empresas, que tienen a su favor leyes locales, abogados preparados y muchos más recursos. Pero aquí no se rinde nadie.

Por fortuna, la batalla en estos momentos se libra en el escenario público, frente a los micrófonos de Radio Ada, y todas las partes parecen aceptar el envite. En el horizonte, están las Elecciones Generales de diciembre -las últimas se ganaron hace cuatro años por un escaso margen- y cualquier candidato regional sabe que su posición sobre la laguna puede darle o quitarle miles de votos. Es el momento de las promesas, todos lo saben y ejercen influencia a su manera.

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16 comentarios on “La sal… ¿para quien la trabaja?”

  1. Maria Nancy Valencia Rodas dice:

    Genial que estes viviendo estos procesos comunitarios que son totalmente participativos, que revindican el derecho hacer lo que ellos son. Y el no tener la suficiente formación académica, no les hace menos ciudadanos de derecho ¡Enhorabuena por la emisora y tu experiencia!

    Mary Nancy

    • ángel gonzalo dice:

      Cuanto sabes tú de esto, verdad, compañera? Y sí, es un lujo ser testigo de la organización de las comunidades… Y también es un lujo poder ofrecerles un micrófono donde expresarse. No dejamos de recibir lecciones. Muchos besos… Hasta la victoria siempre!!

  2. Daniel dice:

    parece un tema complicado el que expones: personalmente, no podría sino animar a la población local a seguir luchando por sus derechos, pero por otro lado, se debería tomar muy en serio las consecuencias positivas que conllevaría la industrialización de la zona (que no tengan infraestructuras básicas como luz y agua, y que el trabajo infantil sea una realidad no dice mucho a favor de esas comunidades… tal vez podría cambiar con la modernización del trabajo). Hace falta un acuerdo entre ambas partes esta claro. Me alegro que como explicas, se lleve a cabo un debate público y cada bando defienda su opinión buscando al mismo tiempo acercar posiciones 🙂 felicidades de nuevo por el blog!!;)

    • ángel gonzalo dice:

      Desde luego, es un tema muy complicado, pero el diálogo y la transparencia son claves. Hat mucha desconfianza y la corrupción de autoridades en asuntos como el oro y el petróleo tienen a la gente en guardia. Están en el buen camino y deben llegar a acuerdos. Eso espero. Mil gracias

  3. Teresa dice:

    Hola Ángel, es un placer leerte… Muchos ánimos y mucho cariño desde el foro. Es increíble tu incansable capacidad de estar ahí en la brecha y analizar de forma tan clara y gráfica las situaciones con las que te encuentras. Un besote para ti y otro para Elena.

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias colega. Tus ánimos son lo que necesitamos para seguir con fuerza. Un beso enorme. Y ahí estamos, explorando!!

  4. Majolopo twitter dice:

    Hola Angel ,tus relatos hacen que mi corazon en algunos momentos sufra,pero mi cabeza dice que la vida es asi y que no se si mi vida aqui en el norte de Africa y sur de Europa -Spain-sea mejor que en Ghana.
    Te deseo mucha salud porque eres un gran periodista al desarrollar tu oficio ,en unas condiciones tan distintas a las que has conocido en tu origen.
    Un abrazo.

  5. Sonia dice:

    Angelin,simplemente gracias.
    Un besos para los dos

  6. Ana, Dani y Alberto dice:

    Que diferente es todo, pero nos dan una lección de unión y lucha por sus tradiciones y formas de vida. Es difícil el punto en el que se encuentran, porque por un lado querrán seguir como están pero sin la amenaza de la “expropiación”, y por otro lado deben plantearse el avanzar tecnológicamente pero con el miedo constante a que todo sea una promesa que luego no cumplan los peces gordos. Bueno ya nos irás contando próximas reuniones.
    De nuevo gracias por acercarnos a tu experiencia y por escribir tan “bonito”
    Besos para los dos.

  7. Carmen dice:

    Hola Ángel: muy buen reportaje. Sabes que todos nosotros te seguimos y estamos aprendiendo un montón a través de vuestras experiencias.
    Quiero ponerme en contacto con Promise y he perdido la dirección. Si no te importa se lo vuelves a preguntar. Le voy a proponer que los niños de su colegio y los del colegio de Julia se comuniquen. A ver qué podemos hacer. Además le quiero mandar un par de fotos del día que nos atendió tan amablemente.
    Besos, muchos

    • ángel gonzalo dice:

      Mil gracias. Te he pasado los contactos por email… Besos para todos. Recuerdos del vecindario. No os olvidan!!! Y nosotros tampoco. Muak

  8. Tesa dice:

    Hola,Angelito. Una crónica muy completa.

    La discusión pública y con la emisora de por medio me parece una idea muy buena para que no se cometan tropelías.

    Ya podríamos imitar un poco por aquí esas maneras de debate, y más ahora que, mientras se nos aprieta el cuello con más medidas injustas, se nos trata de tontos desde los medios de comunicación que dan voz a los políticos que dicen y hacen lo que quieren sin que nadie les cuestione. Oh, ¿qué fue de aquellos periodistas de antes…?

    Y volviendo a la sal, encontrar el término medio entre industrializar la extracción y dotar a la zona de servicios sin que para ello se prescinda de la gente que vive de las salinas sería lo propio. Ya no podemos seguir pensando sólo en el beneficio de unos pocos.

    Necesitamos un mundo nuevo, otra manera de gestionar los recursos.

    Besos,

    • ángel gonzalo dice:

      Me quedo con lo último. Un mundo nuevo, una forma nueva de gestionar los recursos y un esfuerzo para una nueva forma de vivir. En la nueva línea de España… vamos mal. Los recortes son insultos a la memoria y a las conquistas sociales. Da vergüenza volver.


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