El viaje de Giulia (y II)

El objetivo principal del viaje de Giulia y de las personas que la acompañaban era conocer “el sueño de Anyankpor”, la escuela para menores de la playa que estamos impulsando desde el pasado mes de noviembre en las afueras de Ada Foah ,con el apoyo de ustedes.

Traían bajo el brazo parte del dinero que hemos recaudado en estos meses para dotar de condiciones mínimas a una escuela que atiende a 97 niños y niñas de edades comprendidas entre los 2 y los 10 años.

En total, junto a lo que conseguimos en España antes de nuestra partida y descontando lo que hemos invertido en la comunidad de Futuenya, el hospital del distrito y Radio Ada, disponemos de unos 4.000 euros. –Las personas que han colaborado y de las que tenemos dirección electrónica recibirán más información a este respecto vía email o pueden solicitarla contactando conmigo. Pinchando en mi nombre, arriba a la derecha, los datos de contacto aparecen al final del texto. Vaya por delante nuestro inmenso agradecimiento-.

Bienvenido Mr Bafono

Aparecimos en Anyakpor y se desató la euforia. Sería un bonito resumen. Pero vayamos al principio. Era miércoles, me levanté temprano -una proeza cuando tienes invitados españoles en casa y las tertulias nocturnas se alargan sin hora al calor del gin-tonic– y fui hasta Ada Kasseh, municipio hermano, para comprar la madera con la que armar los pupitres, bancos, pizarras y mesas de los profes.

Allí me esperaban Pastor James, líder espiritual de la escuela -aquí no se puede hacer nada sin la Iglesia, la que sea, que nadie se confunda-, y Prosper, el segundo Carpintero. -El primero que contratamos no se presentó al trabajo después de haber apalabrado salario, jornadas y proyecto.-

Los tres pasamos por la tienda para seleccionar la madera. También visitamos la ferretería para comprar papel de lija, barniz, pintura, clavos, contrachapado para las pizarras, bisagras para los armarios donde guardaremos los libros y todo lo necesario para terminar con esta primera fase del proyecto: que el alumnado pueda sentarse en un banco y apoyarse en una mesa. Una vez que estuvo todo -y después de regresar dos veces a la ferretería porque se nos habían olvidado las brochas y un par de libras de clavos de diferente medida- llegamos a la junction de Futuenya , donde recogimos a Elena con la delegación española.

Nos subimos al camión y recorrimos los 4 ó 5 km -las distancias no están claras- que separan nuestra casa de la escuela de Anyakpor. Aparecimos en la comunidad subidos en la parte de atrás del pick-up, una especie de papa móvil africano sin cristal antibalas.

Julia y Giulia iban sentadas delante, junto al conductor, la mayor de las dos tomando buena nota de cuanto pasaba. Tenía la tarea, entre otras, de informar a mi madre a su regreso a España. Ya saben que las madres utilizan un lenguaje propio.

El resto de la cuadrilla, Óscar, Jose, Carmen, Elena, el Pastor, Prosper, el chaval que ayuda en la tienda de maderas y el que suscribe viajábamos detrás, agarrados como podíamos y saludando a diestra y siniestra. Me dio por pensar en la película “Bienvenido Mr Marshall”, ya que , cuando enfilamos Anyakpor , la gente se echó a la calle, los niños abandonaron la escuela y todo el mundo nos saludaba. Habían llegado los bafonos y la madera. Es verdad. ¡Van a mejorar la escuela para los niños de la playa!

Descendimos entre vítores y colaboramos en la descarga. Cuando terminamos, nos acomodamos a la sombra, con uno de los líderes comunitarios, para beber agua y hacer las presentaciones pertinentes.

Posteriormente, ajustamos cuentas con el maestro Carpintero, revisamos el trabajo que habían realizado -este es el segundo cargamento de madera que llevábamos. Hubo que esperar un par de semanas entre uno y otro porque el de la tienda de Ada Kasseh no nos fiaba más- e intercambiamos información sobre plazos de entrega, calidad del acabado y dónde guardar los bancos hasta que los traslademos a la escuela, no vaya a ser que llueva y se desarme el Belén.

Después, nos fuimos a visitar al Chief local, que nos esperaba en su casa. Óscar apuntó que se notaba que era el jefe, por la planta, la actitud de mando y cómo dirigió la sesión. Le presentamos a la delegación, conversamos sobre la escuela, nos dio las gracias por el esfuerzo, hizo carantoñas a Giulia y fuimos a cumplimentar la siguiente visita: los padres pescadores que en ese momento tensaban la red de sus capturas.

Compartimos un rato con ellos, una vez que sacaron los peces del mar. Era una conversación a varias bandas. Uno de los líderes comunitarios traducía del dangme al inglés y nosotros del inglés al español. Cada frase pasaba por varios idiomas así que esto era una versión seria del juego infantil “el teléfono escacharrado”.

Media hora más tarde, pusimos rumbo al colegio. Los niños estaban comiendo. Debía ser mediodía, pero nadie probaba bocado, con lo que esto supone en este entorno. Estaban embobados mirando a Giulia. Y el embobamiento era mutuo. Del primer abrazo casi la tumban. Después le tiraron pellizcos en los mofletes, en los brazos, acariciaron su pelo… Era como si tocaran una muñeca. En su lugar, yo me habría agobiado. 97 niños a tu alrededor hablando en una lengua que no entiendes es mucha tela. Aguantó estoicamente.

Elena intervino, cuando se percató, y organizó una dinámica. Al fin y al cabo es monitora en la escuela. Consiguió hacer un corro y empezaron los juegos infantiles. Inflamos unos globos y apuramos lo que quedaba de mañana.

También, saludamos a los profesores, les pedimos disculpas por aparecer como elefantes en una cacharrería -habíamos avisado de nuestra visita la víspera- y estuvimos conversando con los padres que se acercaron al percatarse de la algarabía.

Futuenya desbordada

Agotados, bajo un sol de justicia, emprendimos la retirada y regresamos a nuestra casa, Mizpah. Apenas pudimos entrar. Si habitualmente, Elena y yo recibimos la visita diaria de cuatro o cinco niños que nos acompañan de la mano cada vez que nos ven aparecer, la llegada de Giulia desbordó las expectativas y no eran menos de 10 los que se agolpaban y agarraban a nuestras piernas. Se había corrido la voz. Una bafono de su estatura había ido a conocerles.

Pasaron varios días juntos, observándose, conociéndose, intercambiando información, ideando coreografías y bailando al son de la música canaria, latina, africana -se negaron a pinchar rock and roll– y quien sabe qué más estilos. El ipod de Giulia parecía no tener fin. También jugaron a las chapas, pintaron, compartieron cocos y en apenas unos días se forjaron amistades como las que sólo son capaces de desarrollar los más pequeños. 

Al día siguiente, acudimos al hospital del distrito y a Radio Ada, donde ya saben que Elena y yo pasamos la mayor parte de los días.

En el hospital visitamos a Alberta, una paciente que padece una enfermedad grave -los médicos no saben cuál es-. Como su caso es especialmente difícil, desde España llegó una donación para ella. Ahora puede cubrir los gastos de hospitalización y ha sido trasladada a otro lugar donde le harán nuevas pruebas. Ojalá mejore.

Mamma Rasta

Nos quedaba por ver otra parte interesante de Ghana. Conocer un poco más de su cultura y nos embarcamos en una ruta por el río Volta en dirección a Keta. Durante una hora, asistimos a esos contrastes que no dejan de sorprendernos en este contexto.

A un lado, la pobreza, los pescadores que viven al día y faenan en sus chalupas, las infraviviendas sin luz ni más agua que la del río o el mar en la comunidad de Maranatha o en las islas de alrededor. Y a otro, las mansiones de los europeos y libaneses, y miembros del gobierno de Ghana, el club náutico privado y su muelle con motos de agua y catamaranes, los hoteles con piscinas privadas, el humeante olor a pescado fresco a la parrilla… Cuando uno navega el río aprecia la diferencia con todos sus matices y toda su brutalidad.

Alcanzamos el embarcadero de Anyanui y enganchamos un tro-tro rumbo a la casa de Madame Mamishie Rasta, Mamma Rasta, una de las fetish priest, autoridades religiosas locales, de más prestigio en la zona. Allí todos los viernes se celebra un ritual para agasajar a las divinidades tradicionales. Las mujeres bailan con frenesí al ritmo que marcan los tambores que agitan los hombres. Niños y niñas participan de la fiesta y algunas mujeres adultas parece que alcanzan un estado de trance tras beber un líquido de color amarillento que nace de la mezcla de varios brebajes -qué difícil le resultó a su madre, Carmen, explicarle a  Giulia qué significa estar en trance-.

Fue una aproximación limitada a la cultura religiosa ancestral de esta tierra que no satisfizo las expectativas de todos nuestros visitantes. Acudimos con cierto recelo, ya que algunos de estos rituales incluyen el sacrificio de animales y otras costumbres que provocan rechazo en nuestra cultura, así que procuramos limitar los daños, sobre todo en la sensibilidad de Giulia, asistiendo sólo a una hora de un evento que dura por lo menos siete.

La vuelta la hicimos en patera, ya de noche, siguiendo el rumbo a través de las estrellas, sin luz en la embarcación y fiándonos de la pericia de nuestro piloto, con la confianza extra que nos daba llevar a bordo a Jose, un experto navegante y astrofísico acostumbrado a interpretar las estrellas en La Palma.

Llegamos a Ada Foah sanos y salvos, tras superar alguna que otra duda en el atraque. Quedaba poco para las temidas despedidas y algunas lágrimas empezaban a aflorar. El tiempo se agotaba. Fue duro para los niños y niñas despedirse de Giulia y viceversa. Fue curioso ver cómo se observaban a través de la ventana, tras tanto tiempo compartido.

Unas horas después de su marcha, todo parecía más triste y silencioso en Futuenya. Incluso se produjo un apagón nacional -¡y eso que nuestros vecinos están a punto de estrenar tendido eléctrico!-.

Aprovechamos para reflexionar sobre esta experiencia que nos ha traído de vuelta los ecos del mundo que dejamos atrás hace cuatro meses. En esas estábamos cuando una araña peluda perturbó nuestra melancolía y nos devolvió a la realidad. Zapatilla en ristre, y al segundo intento, acabamos con ella. Volvíamos de golpe y porrazo a estar en África.

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16 comentarios on “El viaje de Giulia (y II)”

  1. Carmen dice:

    Tus relatos nos ayudan a revivir nuestro viaje y, ya te lo he dicho más veces, a COMPRENDER, tarea difícil, cuando vivimos en realidades complementarias pero opuestas. Gracias, siempre.
    La foto de Giulia en vuestra casa mirando por la ventana contiene una carga simbólica tremenda. Me ilusiona pensar, o así lo he sentido yo y creo que también nuestra hija, que en los días compartidos hemos estado algo más cerca del mundo de nuestros vecinos de Futuenya. Dentro de pocos días estarás con tus amigos, seguro que van a aprender y disfrutar tanto como nosotros. Besos de los tres.

    • ángel gonzalo dice:

      Muchas gracias. Sois un ejemplo por muchas cosas. Os queremos mucho. Ha sido in placer compartir esta experiencia. Besos y gracias por estar ahí.

  2. carmen dice:

    Giulia:¡panchito! me encanta tu blog y como escribes primito!

  3. J dice:

    Espero que ya estés mirando fotos para la portada del libro que nos tienes que regalar y regalarte con todas estas crónicas y las que te guardas. Un abrazo, hermano.

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias mil, tronco. Aunque quién sane qué pasará a la vuelta. El día a día allí te come el tiempo y no sé si estas crónicas tendrán vigencia a la vuelta. Habrá que esperar para ver si tenemos Noticia de Ghana. Un abrazo enorme para salir del laberinto.

  4. Sonia dice:

    Fascinante…estoy esperando ansiosa el siguiente blog.
    Un beso Sonia

    • ángel gonzalo dice:

      Muchísimas gracias. No sabes cómo animan los apoyos. Un.beso fuerte. Aún me queda cuerda para rato…

  5. Esther Ferrero dice:

    Totalmente de acuerdo con la idea del libro. Qué bonito regalo para Guilia, el viaje… y este relato de su viaje. La vida en Africa va despacio… aquí, demasiado deprisa. En picado. De un día para otro. Ains…

    • ángel gonzalo dice:

      Hace seis años ya me embarqué en la publicación de un libro, sin miedo a la derrota, y la experiencia, aunque fue muy satisfactoria, resultó extenuante. Casi me tuve que comer 200 ejemplares… Pero lo agradezco. La vida por aquí es muy distinta, con otro ritmo, vivencias extrañas… La perspectiva se modifica a menudo y la inocencia de una niña nos dio una visión nueva de esta realidad. Ahora estamos con otros personajes y sus opiniones también nos chocan… Un besazo y mil gracias!!

  6. Ana, Dani y Alberto dice:

    Hola Angelillo, impresionante como escribes y estos dos relatos del viaje de Giula apasionantes, nos han encantado y nos han trasmitido muchas cosas que nos hubiera gustado poder compartir con vosotros.
    Besitos para los dos de Dani, Alberto y Ana.

    P.D: Desde que nos lo dijo Elena te seguimos pero hasta hoy no nos habíamos “lanzado” a ponerte un comentario.

    Os queremos y echamos de menos.

    • ángel gonzalo dice:

      Gracias, familia, os llevamos con nosotros y os echamos mucho de menos. A veces la vida no da tregua… Pero este también es vuestro viaje. Gracias por todo el apoyo y el cariño. Abrazos enormes
      !!!

  7. Llanos dice:

    Lo dicho… Apasionante leerte :-))

    Un abrazo.
    Llanos.

  8. Tesa dice:

    Y de nuevo los niños nos muestran como ven el mundo sin prejuicios, sin distinciones de razas y culturas, como se relacionan de una manera natural, hasta que los adultos los contaminamos con nuestros miedos.

    La foto de Giulia mirando serena por la ventana es preciosa. Y también la que está bailando en medio y todos los niños riendo a su alrededor.

    Ángel, ya nos enseñarás cómo ha quedado la escuela, y me cuentas cómo se puede colaborar en estos proyectos que estáis llevando a cabo.

    Ah, y seguro que yo me perdería con gusto lo de los trances y sacrificios de animales, lo he visto en cine y me tapo los ojos con que imagino que en vivo y en directo me desmayo.

    Besos para los dos.

    • ángel gonzalo dice:

      Sí, la inocencia de los niños es fundamental para normalizar una situación. Los adultos llevamos demasiados prejuicios a cuestas.
      Su foto en la ventana es la metáfora de su viaje.
      La escuela está en marcha. Algunas personas nos han ingresado dinero en nuestra cuenta y las visitas que recibimos desde España nos traen el dinero. Así escapamos de las comisiones bancarias. Aquí alcanzan el 10% por transferencia. Un timo que nos negamos a pagar. Te escribo un email con más detalles.
      Mil gracias. Seguimos dando guerra, pendientes de las lluvias. Bs


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