A capricho

Es difícil mirar Ghana con ojos de turista. No es un país con grandes maravillas naturales o con una fauna salvaje comparable a ninguno de los países del sur o del este del continente. Sus ciudades tampoco tienen el encanto de las capitales del norte ni es un lugar que los corresponsales elijan como base por ser fuente inagotable de noticias.

Simplemente, es un país de África subsahariana que despega poco a poco pero que no destaca por nada especial. Sin embargo, también guarda algunos secretos. Además de los rituales ancestrales, de una cultura desconocida para la mayoría y del carácter afable de sus gentes -y del trabajo que puede realizarse en miles de pueblos olvidados- también cuenta con algunos lugares donde perderse y disfrutar de los lujos que a menudo echamos de menos. Salir de la burbuja de Madrid y aterrizar en la realidad de Ghana también tiene un coste emocional.

Novedades en Acra

Nos pusimos en marcha sin grandes expectativas, pero con esa inercia del viajero por el movimiento, esa adicción que te hace llenar la mochila con cuatro cosas y tirar para adelante a la búsqueda y captura de nuevos destinos, en transportes que te llenan el cuerpo de contracturas. Eran fechas vacacionales y el país estaba paralizado. La población local abarrotaba los templos. Los extranjeros nos íbamos a la playa.

Acudimos un día antes a la estación principal de autobuses de Acra y compramos un billete para el día siguiente. En la ventanilla, la mujer que despachaba nos sorprendió ofreciéndonos un abánico de horarios que nunca habíamos escuchado en Ghana: “¿Quieren ustedes viajar a las 6, las 7, las 8, las 9, las 10, las 12, por la tarde o por la noche?” Acostumbrados a partir cuando el transporte está lleno, esto suponía una gran novedad. Elena y yo nos miramos, hicimos cálculos y contestamos al unísono: “a las 10h”. Así podríamos realizar unas gestiones matinales y escapar del tráfico infernal de la ciudad.

Encantados con la eficiencia del transporte público fuimos a pasear por Acra, buscando algo distinto de lo que nos había ofrecido hasta ahora. Fuimos al barrio rico: Osu, cuya arteria principal es Oxford Street y está plagada de tiendas europeas, establecimientos de comida rápida y mercadillos para turistas. Allí encontramos un balón de reglamento para los chavales de Futuenya -la comunidad cercana a nuestra casa en Ada-. Se lo habíamos prometido la víspera de nuestro viaje y no podíamos fallarles. También hallamos una heladería italiana, bastantes negocios regentados por libaneses y algunos restaurantes chinos. Sin duda, este barrio agultina a la minoría  extranjera y a la clase alta local que vive en Acra, alejada de los suburbios y de la miseria en la que vive la gran mayoría.

… Y nos dieron las 10

Al día siguiente, madrugamos para conseguir cedis en alguna de las oficinas de cambio repartidas por la ciudad -las comisiones bancarias en Ghana pueden alcanzar un 10% y resulta un robo a mano armada sacar dinero con tarjeta de crédito- y después nos dirigimos a la estación. Llegamos media hora antes de la salida del autobús y nos acomodamos en la sala de espera.

Allí, nos dieron las 10 y las 11, las 12 y la una!!!! El autobús partió más tarde de las 13h para nuestra desesperación. La estación presentó un aspecto desolado toda la mañana y la eficiencia de la compañía de autobuses, alabada el día anterior, quedó en evidencia. Nadie se molestó en dar una explicación por el retraso. La demora, en esta ocasión, derrumbó nuestro buen humor.

A ningún viajero le gusta llegar a un destino desconocido de noche. Las posibilidades de encontrar un buen alojamiento se reducen. Es más difícil negociar un buen precio y la moral se resiente tras una larga jornada de viaje. A veces no hay elección y de esta guisa nos presentamos en Takoradi, uno de los grandes puertos de Ghana, y la última gran ciudad en la carretera que llega hasta Costa de Marfil.

Desde allí, viajamos en taxi compartido hasta Busua y, una vez en este pueblo, peregrinamos en busca de cama. Nos sonrió la fortuna. Gracias a la generosidad de Luca y Simona, nos quedamos con la única habitación disponible en un lodge ajustado de precio. Ellos se marcharon a otro lugar más caro… para celebrar su aplazada luna de miel.

Simona lleva más de una década trabajando en proyectos sociales en Ghana y en los últimos años ha puesto en marcha una casa de acogida para menores discapacitados en las afueras de Acra, donde ella misma vive seis meses al año. La financia de su propio bolsillo y con donaciones particulares que consigue en los restantes seis meses que pasa en Milán. Una auténtica luchadora a la que visitaremos pronto: http://chicchidicaffe.org/ El año pasado se casó con Luca en la casa de acogida.

Caminante, no hay camino

La mañana nos sorprendió con una fina e intermitente lluvia, aunque la temperatura seguía siendo tropical. Encontramos una playa de postal, con arena blanca, palmeras repletas de cocos, oleaje suave, agua cristalina, entorno limpio y chiringuitos con bebida fría en la orilla gestionados por población local. Todo ello en un ambiente tranquilo con Bob Marley y los grandes éxitos de temporada sonando a un volumen agradable desde horas tempranas. No podíamos pedir más… pero había más.

Dimos un largo paseo por la playa hacia el este, ascendimos una colina y, al coronarla, avistamos un lugar precioso: Butre. Un pueblo de pescadores, lleno de barcos coloridos, un río con cocodrilos y una playa aún más bonita que la que habíamos dejado atrás. Uno de esos lugares que te reconcilian con el mundo. Me recordó a “Las Negras”, un pueblo encantador del Cabo de Gata en Almería, salvando todas las distancias -y sé que son muchas-.

Descendimos hacia Butre y vimos que había varios proyectos de turismo comunitario, gestionados íntegramente por la gente que vivía allí con ayuda financiera de fundaciones extranjeras. Nos invadió la envidia pensando en Ada. Un lugar que no termina de arrancar y cuyo turismo no favorece a la población local. Visitamos la comunidad, el pequeño puerto, hablamos con sus habitantes, cruzamos el puente donde se funden río y mar, y continuamos hacia un ecolodge en el extremo más oriental del lugar perfectamente integrado en el paisaje. Quizá entonces seguía el chirimiri.

De regreso a Busua, tocaba alimentarse. Es curioso. Es un lugar donde los restaurantes están tan personalizados que el desayuno se toma en casa de Daniel the pancakeman, los zumos de frutas tropicales los hace Frank the juiceman y la cena se compra en la playa a Joseph the lobsterman. La comida se cocina en los fogones de Florence o te la hace mamma Joyce por un precio más que razonable. En apenas quinientos metros está todo, desde piñas coladas deliciosas a excursiones en lancha a una isla cercana.

La venganza de Neptuno

La armonía del lugar se vió alterada por la captura de un pez espada impresionante que los artesanos del machete descuartizaron en la misma playa y repartieron entre las mujeres que, con sus baldes en la cabeza, pregonaban su venta a voz en grito.

La visita a este lugar aún guardaba otra sorpresa -y no tiene nada que ver con la serpiente que me crucé en uno de sus frondosos senderos. Gracias a este reptil, comprobé que mis cuerdas vocales están en perfecto estado de revista. Tarzán estaría orgulloso-.

Al día siguiente, caminamos hacia el oeste y llegamos a Dixcove, otro pequeño pueblo dominado por un fuerte militar -como en casi toda la costa de Ghana estos emplazamientos militares recuerdan el pasado colonial de dominación europea- donde se desarrollaba una frenética actividad  desde primeras horas.

La venta de pescado y el trajín de mujeres, niños y hombres era constante. El pueblo era otra pequeña joya. En la playa se vendían atunes, delfines -sí, también delfinescalamares, barracudas y una variedad increíble de peces para consumo local o venta en el mercado y pueblos colindantes.

Participamos del comercio y, si la noche anterior nos despachamos siete langostas, en esta ocasión nos deleitamos con un atún. Otra contradicción más, a sabiendas de que está en peligro de extinción. Nos lo pusieron delante de las narices y nos comportamos como japoneses en la costa de Cádiz. Algo debió removerme por dentro, bien la conciencia, bien el empacho, porque la jornada posterior enfermé del estómago, alcancé una de mis legendarias fiebres de 40º -para desasosiego de Elena– y pené por desaprensivo las 10 horas que duró el viaje de vuelta a casa y la larga noche que vino después. Le prometí a Neptuno, entre delirios, que la próxima vez sería coherente.

Anuncios

14 comentarios on “A capricho”

  1. Pela dice:

    ¡Ja, ja, ja! Me río, pero soy consciente de lo mal que lo pasarías en el camino de vuelta… Madre mía… Pues qué lugares y personajes tan chulos…. incluida la serpiente y los cocodrilos. ¡Cuidaos, queremos veros enteros!

  2. Mario Antón Muñoz dice:

    madre mía menos mal que el pezvespada estaba ya grogui ja ja muchos abrazos pa los dos. Cuidaros mucho

  3. joaquina dice:

    Acabo de descubrir el blog, y le he dedicado un pequeño post: http://olvidados.blogia.com/2012/011301-aviso-para-ghaneantes.php

  4. Alicia dice:

    O BROTHER! por unos minutos leyendo las aventuras por los alrededores de Takoradi, he vuelto a viajar con vosotros. He preparado la mochila (que no falte la mosquitera) y rumbo a la gran ciudad para iniciar el viaje!
    Gracias Brother por estos momentos de teletransportación, esos detalle identificativos de Ghana (esperar es algo que no nos tendría que sorprender) y eso gritos Tarzaneros que nos sacan nuestras mejores sonrisas!

    ¡Un fuerte besooo aventureros!

    Ali

    Ahhh la pag. http://www.chiccidicaffe.org no responde… Felicitar a Simona de mi parte… La lista de personajes To be continued…

    • ángel gonzalo dice:

      Hola, compañera:

      Qué tal va todo? No echas de menos los cortes de electricidad, el calor asfixiante o la dieta tan variada que llevamos?

      Albert, Mr Narty, Enok, la mafia libanesa… Son muchos los que preguntan cuándo volverás.

      Espero que todo vaya bien por allá. Nosotros, ya sabes, aquí seguimos, sumando experiencias…

      Un besazo y gracias por seguir ahí!!!

  5. Erika dice:

    Está claro que el mar (y sus pescados) son traicioneros… A mí me ocurrió algo similar en el viaje de vuelta de Haití. Y encima con dos escalas! El día antes me había tomado una langosta chiquitita en la playa. Aprendí que no es buena idea, porque las crían cerca de la costa y no es raro que estén en contacto con aguas fecales. Pero igual que tú, me quedo con todo lo bueno del viaje. Un abrazo desde la burbuja 🙂

    • ángel gonzalo dice:

      Compañera!!! Mil gracias por pasar por aquí. Sí, hay que tener cuidado… Pero es chungo resistirse… Y una vez allí todo te parece que encaja…Un beso muy fuerte. Por suerte tú quiebras la burbuja a menudo. Espero que siga siendo así con los cambios. Cuídate mucho y sigue enseñándonos cómo contar historias con rigor y emoción.

  6. elena dice:

    Cariño, estoy super feliz de estar viviendo esta experiencia contigo.
    Me encanta como relatas nuestras aventuras.
    Te quiero muito , mi Pancho!!!

    • ángel gonzalo dice:

      Esto sí que es Amor del bueno!! Muchas gracias por invitarme a seguirte en esta experiencia. Yo también te quiero.

  7. Tesa dice:

    Esto si que es un viaje de aventuras, Ángel. Calor, transporte con horario autóctono, playas paradisíacas, animales exóticos, trastornos intestinales, y todo ello compartido con tu chica que te hace una declaración pública de amor. No te quejes.

    Me encanta la segunda foto, la del tráfico, con un encuadre muy sugerente. En grande gana un montón.

    Besos, pareja.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s