Historias mínimas, prioridades máximas

Mr Narty tiene 63 años y en 1999 sufrió un accidente de tráfico. El coche en el que viajaba dio una vuelta de campana al intentar esquivar otro vehículo que venía de frente. Tuvo numerosas heridas y se rompió el fémur de una pierna. Desde entonces, camina apoyándose en muletas.

No es un caso aislado. Los accidentes de tráfico son comunes en Ghana. Las cifras oficiales hablan de cuatro muertos cada día y de 15.000 heridos al año. La falta de alumbrado, los excesos de velocidad y el mal estado de las carreteras son una combinación peligrosa. Tampoco los vehículos llevan ningún sistema de seguridad, no respetan el número de pasajeros y la mayoría tiene más de 20 años y hace mucho que no pasan ningún tipo de inspección.

Además, muchos conductores, sobre todo de motocicletas y de tro-tros (minibuses que se utilizan como transporte público), no tienen licencia y nunca han pisado una autoescuela. Sufrir un accidente de tráfico es la segunda causa de ingreso en un hospital, sólo por debajo de la malaria, endémica en el país.

En las grandes ciudades, enormes carteles señalan los puntos conflictivos y ruegan prudencia. También hay algunos controles en las carreteras nacionales y badenes para controlar la velocidad en vías urbanas e interurbanas. Pero no es suficiente.

Falta de recursos en hospitales públicos

A Mr Narty le operaron, como operan aquí en la mayoría de los hospitales públicos, con los mejores conocimientos que pueden aplicar, pero con pocos medios –los ricos nunca acuden a estos hospitales, disponen de otros privados, mucho más modernos, en la capital-. Si hubiera vivido en España hoy podría andar sin problemas.

Elena y Alicia ven verdaderos dramas a diario. No dejan de ser europeas y de llevar batas blancas, símbolo de esperanza para quienes sufren las peores dolencias. Quizás por eso, en ocasiones, les envían pacientes con enfermedades que no tienen nada que ver con su especialidad, la fisioterapia. Le ponen mucho corazón y mucho interés, pero su ciencia –que tanto bienestar proporciona a otras personas- poco puede hacer por quienes sufren enfermedades que dejan en estado de máxima debilidad a los pacientes. La verdad es que nadie aquí puede hacer casi nada por quienes sufren enfermedades muy graves, sobre todo si no se sabe cuáles son o si no se disponen de los medicamentos para aliviarlas.

Algunos diagnósticos se hacen por intuición, ya que hacer una radiografía o una resonancia magnética –y hacerla bien- es misión casi imposible y disponer de material adecuado, incluso de electricidad, no está siempre asegurado. Tampoco abundan los laboratorios. Desde luego no disponen de posibilidades de hacer un TAC.

No es culpa de los médicos, algunos como el Dr. Philip Nart son una eminencia. Es cuestión de falta de recursos y, sin ellos, ni siquiera un premio Nobel de Medicina podría salir airoso de las situaciones que afrontan los galenos de aquí.

Además de hacer lo que pueden, son pocos, están sobrecargados de trabajo y mal pagados -es normal que se les adeuden nóminas durante meses-. Estuvieron en huelga hace unas semanas y eso provocó una gran alarma social, así como que se pusiera en duda su profesionalidad e incluso su humanidad.

Ghana avanza

Mr Narty es nuestro casero y, como todos los caseros del mundo, tiene afición por el dinero fresco. Es un tipo agradable a pesar de su apariencia de cascarrabias. Gestiona con habilidad de comerciante curtido la casa de huéspedes en la que nos alojamos, Mizpah; administra un frigorífico que provee de agua fría, refrescos y cerveza a la comunidad próxima; y vende cemento y otros materiales de construcción, cuando se tercia, en el mercado local.

De acuerdo a las estadísticas del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) –recién publicado- que sitúan la esperanza de vida en Ghana en 64 años, a Mr Narty le quedaría uno, pero él está fuerte como el árbol de mango que preside la entrada a la casa.

Cuando los miércoles me ve salir de casa vestido de futbolista, me dice que a la vuelta me chutará unos cuantos tiros, a ver si soy capaz de parárselos. Siempre le digo que sí, pero cuando regreso sólo alcanzo a  pedirle una cerveza con la que recuperar algo de energía –los jugadores de la Liga Fútbol-Caña de Legazpi (Madrid) aseguran que la birra recupera más que el agua. Miren si no a Albertini, vaya pedazo de jugador, a los 40, quisimos jubilarlo… Y me cuentan que, casi una década después, sigue driblando rivales en la banda izquierda-.

El PNUD sitúa a Ghana en el puesto 135 de 187 países, lo que marca una gran diferencia con los países vecinos. De hecho, también aparece como un país de renta media según los estándares internacionales. El Gobierno celebra con entusiasmo estos indicadores. Los pozos petrolíferos descubiertos hace pocos años dibujan un futuro prometedor. Será así si los recursos se invierten en sectores clave: educación, sanidad e infraestructuras, y no ocurre como en Nigeria o Guinea Ecuatorial.

El lujo de estudiar

Mr Narty tiene dos hijos: Gloria, de 15, y Michael, de 11. Ambos tienen la suerte de estudiar –la llegada de tres extranjeros a su casa ha supuesto una importante inyección económica-, porque aunque las cosas han mejorado mucho en este país –Ghana tiene la cifra de escolarización más alta de la región y el 80% de los menores están escolarizados-, la educación sigue siendo una quimera para al menos medio millón de niños y niñas.

El programa del gobierno de educación básica gratuita alcanza hasta la educación primaria. A partir de secundaria, educación técnica o universidad, toca buscarse la vida.

Las cifras del desarrollo también tienen letra pequeña. UNICEF asegura que 3,4 millones de menores viven en la pobreza en Ghana, 2,2 de ellos en la extrema pobreza y más de 50.000 en la calle.

De todos los niños y niñas pobres, el 71% son analfabetos y una cifra preocupante son víctimas del comercio sexual y explotación, además de estar gravemente expuestos a enfermedades y contagio del VIH.

UNICEF denuncia que en las zonas rurales los menores van al trabajo y no a la escuela con cierta frecuencia. Las distancias al colegio son grandes –cada mañana, antes de las 7 am, escucho como los niños y niñas de mi comunidad pasan junto a nuestra ventana para recorrer 4 o 5 kilómetros a pie por caminos de tierra que serán intransitables durante la época de lluvias- y las necesidades familiares son altas –los uniformes y los cuadernos cuestan dinero-.

La situación en las escuelas también necesita mejorar. Menos del 60% de los profesores están especializados en primaria y en las zonas más deprimidas, la estadística baja hasta el 37%. En todo el país, sólo el 57% de las escuelas cuentan con agua potable y sólo el 48% se consideran lugares adecuados para recibir educación, con aulas acondicionadas, pupitres y material escolar básico. La escuela de Ayankco donde Elena y Alicia colaboran desde hace poco es un ejemplo de precariedad. Ni siquiera tiene techo, ni hay libros de texto, ni cuadernos, ni lápices, ni apenas sillas para que se sienten todos. Es una escuela de niños y niñas abandonados, de huérfanos o de aquellos cuyos padres no pueden pagarles los uniformes y el material mínimo para ir a la escuela pública.

PD 1. Mizpah conoció tiempos mejores, pero se alza orgullosa a la entrada de Ada Foah. Mr Narty nos ha alquilado uno de sus apartamentos. Es un sitio humilde, limpio, espacioso y muy digno. Tenemos agua, electricidad, ducha, servicio y camas cómodas. Incluso una televisión.Todas las tardes los niños de la comunidad próxima se acercan a la ventana del salón para ver entre las rejillas de los mosquitos lo que ponen en la tele. A las 8 pm se acercan los adolescentes: dan los deportes. Somos los vecinos privilegiados


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6 comentarios on “Historias mínimas, prioridades máximas”

  1. Manu Sobrino dice:

    Ángel, pon links en las fuentes, que así lo haces hipertextual y queda más resultón! Abrazooos.

    • Gracias, compañero, por el consejo. Intentaré hacerlo, aunque ya sabes de mi torpeza tecnológica… En mi descargo, diré que aquí todavía trabajamos en papel y las fuentes vienen impresas. El minuto de Internet se cotiza alto y procuro descargar los documentos cuando pillo una wifi o consigo ancho de banda, con lo que jugar con los hipervínculos no es fácil… Aún así, me lo apunto para la próxima. Abrazos fuertes

  2. Tesa dice:

    Hola, Ángel, mirar a través de la ventana de este blog, emulando a los peques y adolescente que buscan la programación televisiva, es mi ración de aire fresco con el que trato de compensar el enrarecido que circula por aquí. Y mucho más después de los resultados de las elecciones.

    En las historias mínimas está la esencia de la vida, y en las que nos traes aquí, m´nimas por el espacio, se adivinan esas diferencias tan tremendas entre los que lo tinen todo, casi todo, algo y nada.

    La foto que va en segundo lugar es una maravilla, aunque así en pequeño no luzca tanto. Claro, que yo las amplio todas para ver los detalles después de leer el texto.

    Muchos besos,

    • Muchas Gracias, compañera, por estar ahí. Sí, el aire fresco es más que necesario en estos momentos.

      Si tú estuvieras aquí, las fotos serían mucho mejores, es difícil subir a Internet más de un mega y las hago con el móvil de forma atropellada. A veces me gustaría fotografiarlo todo, contarlo todo, grabarlo todo… pero a menudo me quedo absorto con las historias que vivimos y el tiempo vuela. Es extraño, vuela… sin que tenga que ocurrir nada excepcional.

      Me encantan algunas de las costumbres de aquí. Cuando uno llega de nuevas a un pueblo, una comunidad, un lugar… debe preguntar por el chief/jefe, saludarlo y entablar una conversación sobre quién eres, qué haces, cuánto tiempo estarás, de dónde vienes… Mientras duran las presentaciones, el chief hace una seña y algún niño trae un coco. Se comparte mientras se conversa. Después, ya puedes pasear por la comunidad a tu antojo. Todo el mundo sabe que eres bienvenido y que el chief te ha autorizad. Es estupendo. Un beso fortísimo y mil gracias

  3. Pela dice:

    Impresiona, la verdad, esa última foto de los chavales mirando la tele por vuestra ventana, sin saber lo malo que puede resultar verla demasiado, como ocurre en los países “desarrollados”. Gracias por tu aire fresco, tu prosa, tus fotos y tu entrega. Un abrazo fortísimo.

  4. Gracias, compañero. Sí, quien no tiene costumbre de ver una televisión, imagina un universo de entretenimiento y de buenas sensaciones… Qué diferente, verdad? Yo me quedo embobado mirando su fuego, la hoguera que preparan para cocinar, y ellos se emboban con mi caja tonta… Ya lo verás. Un abrazo enorme


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