Rumbo al festival Hogbetsotso 2011

Viernes, 2 pm. El sol escupe fuego. Sudamos. Mucho. Esperamos sentados en un cayuco en la orilla del río Volta. Nos comemos un coco. Pasan dos horas. Seguimos esperando y el cayuco sigue haciendo hueco para más pasajeros. Todo el mundo acude con bultos: comida, bebida, madera, cajas, ropas, maletas, mochilas, bolsas… En África la gente se desplaza mucho, igual que en cualquier parte, pero aquí los transportes no arrancan hasta que se llenan hasta la bandera. Se aprovecha cualquier viaje, cualquier espacio, cualquier rincón. Sólo los ricos o los blancos –sinónimo por estas tierras- viajan a sus anchas cuando quieren. El resto espera.

Cuento 57 personas y me pregunto si el cayuco aguantará. Vamos de viaje a Keta, una localidad cercana, en dirección a Togo y a 30 kilómetros de su frontera, para asistir al Hogbetsotso Festival 2011. Un festival tradicional que recuerda el desplazamiento de las personas de la minoría étnica Anlo desde su antigua morada en Togo hasta su actual asentamiento en Ghana, en la región del Volta.

Esta edición es especial porque vuelve a celebrarse más de una década después. Una disputa entre jefes/chiefs –autoridades de las diferentes minorías étnicas- lo eliminó del calendario de festivales tradicionales de Ghana. Afortunadamente, un cambio en la cúpula de la comunidad ha hecho que se recupere. Cuatro días de ritos, danzas y percusión para honrar a los antepasados.

Inmigración

Arranca el cayuco, tras dos intentos del motor fueraborda, y en apenas 20 minutos navegando a velocidad de crucero llegamos al estuario del Volta, donde se juntan río y océano Atlántico. El vaivén de las olas hace temblar ligeramente la embarcación.

Es imposible no acordarse de los cientos de cayucos que emprenden travesía en este mismo océano rumbo a Europa. Me siento impotente al ver cómo las olas golpean esta chalupa y me entra una enorme tristeza al pensar en las vidas y en los sueños que este océano se traga.

Cuando viajas a bordo de un cayuco, hacinado entre más de medio centenar de personas, sientes muchas cosas. Y eso que nosotros vamos de viaje, de festival, de celebración y el ambiente es risueño y agradable. Seguramente, opuesto al miedo que debe atenazar a las personas que emprenden viaje rumbo a Europa, en estas playas o en las que están más al norte.

Quienes viajan en cayuco muchas veces no saben nadar. Junto a mí hay mujeres que cargan niños, adultos que miran distraídos hacia cualquier lado, personas mayores cuyos ojos transmiten serenidad y jóvenes, muchos, que pegan la hebra con los extranjeros –como Paquito, un profesor de Primaria que estudió con los Hermanos de La Salle, y al que un religioso bautizó con ese nombre-.

La travesía es preciosa, nos rodean manglares, nos dejamos mecer por las aguas ya tranquilas del río y nos detenemos con frecuencia en islas donde viven cientos de personas en comunidades muy pobres, cuyo lazo de unión con el resto del mundo es este cayuco.

Carretera y noche

Casi dos horas después, atracamos en el humilde muelle de Anyanui, un pequeño pueblo de pescadores donde nos recomiendan visitar los miércoles un mercado que congrega a las personas de todas las comunidades cercanas.

Atardece, el mejor momento con el amanecer, para que los mosquitos comiencen su vampiresco trabajo. Hoy soy su víctima preferida. Me ponen fino.

En Anyanui cogemos un tro-tro rumbo a Keta: nos empujamos, nos sentamos unos encima de otros, se funden nuestros olores corporales… cuento 23 personas dentro de una furgoneta que en condiciones normales no debería llevar más de 12. Aquí nadie se queja. Todo el mundo va incómodo, pero a nadie parece importarle. Yo sólo llevo un gluteo aposentado. El otro está en el aire. El tro-tro arranca y emprende viaje en la noche.

Me suena el móvil. ¡Llama mi hermano Gabriel! Charlamos de la familia, de la vida, de cómo estamos, de fútbol y de cosas cotidianas. Estoy muy contento. El resto del pasaje me mira con curiosidad. Entre las múltiples lenguas que esta gente está acostumbrada a escuchar no se encuentra el castellano.

También hablo con mi hermano de vino y de Don Simón –hago un llamamiento a la familia García Carrión, en nombre de los hígados de la población ghanesa, para que deje de exportar vino Don García, sangría Don Simón y sucedáneos. Nosotros nos hemos pasado al Terminator, que es argentino, también de cartón, pero mucho más decente. Echo de menos los vinos de mi pueblo materno (Valdepeñas) que sin ser excepcionales hoy me parecerían como el Rioja de Carolina-.

Barbacoa en la playa

Es noche cerrada cuando llegamos al Emacipation Beach Camp donde nuestro amigo Winfred, rastafari, nos acoge con una sonrisa y palabras de bienvenida.

Somos varios blancos: dos alemanas, dos escoceses, una inglesa y el trío calavera peninsular del que formo parte.

Junto a nosotros, Paul, Godway, Jahway, Erico y otros amigos locales. Compartimos una cerveza fría con los pies en la arena. Suenan timbales de fondo. Comemos salchichas a la barbacoa y abrimos los primeros cartones de Terminator. Compartimos bebida e impresiones y Elena y yo nos retiramos pronto.

Mañana de festival

Ya es sábado, amanece que no es poco, y nos damos un baño en las salvajes aguas del Atlántico. Llenos de arena nos vamos al festival Hogbetsotso. Nos cuesta encontrar un tro-tro que nos lleve a Anlo, pero después de media hora bajo un sol de justicia, ¡lo conseguimos!

Toda la ciudad es una fiesta. Hay miles de personas en la calle, tráfico asfixiante, bullicio de personas, colorido en los kentes de las mujeres, puestos de comida y mezcolanza de olores. África pura.

El escenario principal está en el campo de fútbol. Entramos hasta la cocina. Ser blanco abre muchas puertas. Winfred también pasa. Paul y Godway se quedan fuera.

Comienzan las actuaciones, las danzas ancestrales, vemos a cientos de personas vestidas con los trajes tradicionales… es impresionante.

Bienvenido, Sr presidente

Hay cientos de invitados, todos los jefes de las comunidades de la región, decenas de periodistas, algunos blancos trajeados –supongo que empresarios o personal de embajadas-. También hay señoras europeas que llevan pamelas sobre sus cabezas. Desentonan en este entorno colorido de telas africanas.

Momentos después del mediodía, unas motos irrumpen en mitad del campo de fútbol haciendo sonar sus sirenas. Se para la música y cesan las actuaciones. Llegan varios tontorrenos con los cristales tintados y entre medias me parece ver a Clint Eastwood –en versión ghanesa– y a otros tres guardaespaldas corriendo como En La Línea de Fuego junto a un coche decorado con la bandera de Ghana. Parece el coche presidencial. El público es un torrente de murmullos, algunos aplauden, todo el mundo se pone en pie. Desciende el presidente de la República, profesor John E. Atta Mills.

Como si fuera un torero, da la vuelta al campo de fútbol, y saluda a los jefes y autoridades. Le rodea una nube de fotógrafos –me cuelo entre ellos- y un cordón de seguridad. Cuando termina el paseíllo se sienta en el palco de autoridades y comienzan los discursos.

Aprovechamos para marcharnos. Pero antes de salir, entre las personalidades, descubrimos a Mamma Rasta, sí, la mamá de los rastafaris. Una curandera que pasa consulta los viernes cerca de nuestro pueblo, Ada Foah –y a quien tenemos pendiente visitar-. Winfred la saluda respetuoso. Nosotros también.

En la calle buscamos un sitio para comer. No hay mucha variedad, pero nos apañamos. Trincamos unos pinchitos de algo que parecen mollejas y buscamos un local para comerlos. Aquí no hay restaurantes. La gente come a cualquier hora en la calle y si queda dinero, toman una cerveza o un cartón de vino en los múltiples spots que hay en cualquier sitio.

Fórmula 1

Una vez satisfechos, buscamos transporte para regresar. Un tipo de Accra se ofrece a llevarnos por unos cuatro euros en su coche. Aceptamos. Subimos y a los 10 minutos el coche se para. No tiene gasolina. Salta del vehículo. Nos pide que se lo cuidemos y se larga en busca de combustible. Me quedo atónito.

Regresa a la media hora larga con una garrafa de plástico llena. Se pone al volante y emula a Fernando Alonso intentando recuperar posiciones frente a los Red Bulls. Llegamos en un santiamén, algo azorados, a nuestro Beach Camp.

Sonido de timbales

Llenamos varios cubos en el pozo para darnos una ducha de agua dulce, abrimos otro cartón de Terminator, sumergimos los pies en la arena y nos dejamos embrujar por la noche.

El sonido de los timbales es constante, Elena se arranca con algunos toques –mejora mucho en sus clases y puede seguir el ritmo de los expertos-, Alicia agita las maracas y el menda bastante tiene con narrar lo que ve –y con murmurar los primeros versos de “No woman, no cry”-.

Encendemos la hoguera, hay fuegos artificiales y nos entregamos a una noche muy especial, con bailes y música en la arena, que se alargarán hasta la madrugada… Es una fiesta en una playa salvaje de África Occidental. Se baja el telón.

PD 1. Por fin hemos encontrado casa. Después de algunas decepciones, tratos incumplidos y negociaciones que no han llegado a nada ¡lo hemos conseguido! No saben la alegría que da tener un lugar fijo al que volver, poder expandir el contenido de las mochilas en un espacio propio y comerse una ensalada aliñada con aceite de oliva. Nuestro hogar está pegado a una comunidad en las afueras de Ada Foah y cerramos el trato compartiendo un coco.

PD 2. Observo con distancia el debate Rubalcaba – Rajoy. Me suenan sus propuestas tan huecas, tan vacías, tan poco motivadoras. ¿Qué país encontraré cuando regresemos?

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17 comentarios on “Rumbo al festival Hogbetsotso 2011”

  1. Elena dice:

    Vaya experiencia! Aquí sigue todo igual. Ya no hay que exiliarse a otro país, ahora hay que buscar otro planeta. Un abrazo fuerte a los dos.

  2. Pues sí, parece que las cosas se ponen chungas en Europa… aunque, no sabes, la indiferencia que eso provoca aquí. En cualquier caso, me temo que no podremos irnos muy lejos y nos tocará trabajar más para reconstruir lo que ahora destrocen. Un besazo y mil gracias

  3. Manu Sobrino dice:

    Me sigo quedando embelesado cada vez que te leo (y te escucho, hace unos minutos en Radio Exterior). ¡Qué bien suenan los sueños cuando los cuentas tú!

    Por cierto, a ver si subes alguna foto también en la que se te vea!!

    Abrazooss a pares!

    • Gracias, compañero… pero los sueños suenan mejor cuando se comparten. Gracias por estar ahí. Y sí, a ver si subo alguna foto… pero es que no quiero estropear el cuadro… Un abrazo muy fuerte!!!

  4. Angel, el Taumaturgo dice:

    Ey, pues con el colorcillo de piel de Elena y tocando los timbales bien colará por una nativa, ¿no?

    Un abrazo y gracia por las crónicas. Es un placer mantener el contacto con vosotros, aunque sea virtualmente.

    • Hey, tocayo… pues sí, sí pasa por local… no te creas. Lo mismo a la vuelta puedes incorporar banda sonora a tu nuevo espectáculo… Un abrazo muy fuerte… y cuidado no asustes a los niños con el nuevo show, tan terrorífico, que llegan sus ondas a África. Besos a los tres.

  5. Neus dice:

    Qué pasada todo lo que cuentas!!! pero me ha hecho mucha gracia lo del vino, en Moshi almenos llegaba el René Barbier, algo mejor que el Don Simon, y con los vinos sudafricanos nos poníamos bien finos, te acuerdas? como ha pasado el tiempo!!! y sobretodo ,cuantas cosas han pasado!!!
    Me entra una penita al pensarlo, una tristeza de haber dejado todas las vivencias, los niños, esos colores, esa vida… pero al ver a mi princesa sonreir todo se me pasa… mi mejor regalito de África es Africa (jejejej)… Bueno amigo, seguid asi de bien… Besos a todos….

    P.D. Alicia no es peninsular que para algo estamos los insulares, jejeje!!

    ++++besos!!

    • Hola, tronka… bueno el caso es que también llegan vinos mejores, pero a precios de Europa y no está nuestra economía para andar con dispendios…

      Y sí, claro que me acuerdo de cómo tomábamos en Tanzania… y de cómo nos sorprendió que no quisieras ni una copa en Madrid… Merecía la pena, eh???

      Un beso para los tres muy fuerte

      PD. Y Alicia me dice que lo siente… pero es de León, aunque resida en Mallorca… Ya sabes, las raíces tiran… Besotes fuertes

  6. Alberto dice:

    Querido Ángel,

    da gusto leerte y más desde esta perspectiva descorazonadora que estamos sufriendo y se nos viene encima. Rajoy – Rubalcaba me parecen a mi tan distantes como esos chiefs de tus fotos…pero infinitamente menos exóticos.

    Por cierto, Svensson es mortal y ya pierde partidos. Los Reds remontan poco a poco…se te siente todavía en Legazpi

    • Qué lujo saberte al otro lado… el 20 N amenaza con dejarnos igual de indignados que estábamos hasta ahora… o quizás un poco más.

      Ya lo dijo ML, los fichajes a mitad de temporada pueden convertirse en gaseosa si no se les deja madurar… Forza Blues… El Apertura lo dejó sentenciado Yashin, cuya portería sigue inmaculada en Ghana…

  7. Tesa dice:

    Hola, Ángel, ¿no te parece increíble todo lo que estás viviendo, experimentando y sintiendo en el poco tiempo que llevas en tu nuevo destino?

    Más preguntas: ¿qué crees que piensan la gente de este lugar de tipos blancos como vosotros? ¿entienden por qué estáis ahí?

    Por que todo lo que cuentas es muy exótico para nosotros, pero me interesa mucho lo que opinan ellos, cómo nos ven, cómo os ven.

    En cuanto a lo demás, quitando el vino peleón y los mosquitos, parece una experiencia preciosa.

    Un abrazo,

    • Hola, compañera:

      A menudo, estoy desbordado de tantas cosas como pasan alrededor… intento ser una esponja y absorber todo lo que puedo… Sí, es impresionante y estimula todos los sentidos.

      La verdad es que a menudo pienso qué opinan de nosotros, y también se lo he preguntado, con más o menos diplomacia.

      Estas son mis pequeñas conclusiones:

      Creo que los que nos conocen, los que forman parte de nuestro círculo aquí piensan lo mismo que nuestros amigos en Madrid, que somos personas normales, con inquietudes sociales, con ganas de ayudar y que nos gusta su país, viajar, mezclarnos con la gente… y que esta es nuestra manera de vivir y de intentar ser felices. Lo aceptan y lo comparten, lo que nos hace sentirnos a gusto, echando de menos muchas cosas de allá, pero a gusto.

      Los que no nos conocen de forma íntima, pero han oído hablar de nosotros y nos han visto por el pueblo, creo que piensan que somos marcianos… ¿a quién en su sano juicio se le ocurre dejar trabajo, casa, familia, comodidas, lujos cotidianos -agua caliente, vino embotellado, viajes en coche particular, sofá, vitrocerámica…- y venirse a vivir a un pueblo con una temperatura de más de 30º y 80% de humedad? ¿a quién se lo ocurre dejar la rica Europa y venirse a este lugar perdido de África? ¿y encima hacerlo sin cobrar un duro?… ¿y para ayudar a las comunidades en pequeñas cosas? Sí, creo que hay gente que piensa que somos marcianos…

      Y luego, quienes no nos conocen ni han oído hablar de nosotros, nos juzgan en base a prejuicios, igual que nosotros a ellos. Para este último grupo somos, sin lugar a dudas, dólares con patas… y a veces se nota en el trato.

      En fin, creo que esto resume a grandes rasgos qué tipo de opiniones tienen sobre nosotros.

      Afortunadamente, la primera es la más importante y con la que nos quedamos.

      En cuanto a la segunda, intentamos hacerles ver qué significa el valor del voluntariado… y cuánto tiene que ver con su propio sentimiento comunitario…

      Y sobre la tercera, la dejamos por imposible, y nos centramos en otras personas, que hay mucho trabajo por hacer y muchas experiencias por acumular.

      Y sí, esta aventura es preciosa, aunque también tiene su parte dura y de superación. Lo bueno gana por goleada a lo menos bueno, y nos ayuda a crecer. Creo que esta es también una experiencia de madurez, un máster en pequeñas cosas… y al final lo agradeceremos.

      Gracias por estar ahí. Besos

  8. Noelia dice:

    T felicito por tu forma d escribir y contar las cosas. por momentos senti q estaba ahi en el festival. un beso

  9. Andrés dice:

    Hola Ángel, gracias por compartir con nosotros ese día de fiesta. ¡Qué chachis las fotografías que acompañan al texto! Me alegro que tengáis ya la casa. Un hogar es un hogar, ¡qué diantre! Os mando estos versos del nigeriano Ben Okri, tan afines a lo que estáis viviendo:

    “Pero encontré dibujos en la arena
    mientras unas voces cantaban al viento
    claves de caminos secretos
    a través de los mares infinitos”

    • Dices bien, compañero, un hogar es un hogar y uno se siente más perdido y más cansado cuando no tienen un lugar al que regresar. Ahora todo va mucho mejor.

      Es curioso, en nuestra nueva casa, tenemos una tele (sólo se ven tres canales, pero es una tele) y al atardecer, tras la ventana del salón, descubro los rostros de cuatro o cinco chiquillos de la comunidad que se pegan al cristal para ver lo que proyectan en la caja tonta… Ellos miran la tele a través de la ventana… y yo les miro a ellos… menuda metáfora.

      Y sí, los versos dicen mucho de lo que aquí vivimos… Gracias.

      Un abrazo

  10. Noelia dice:

    T felicito x tu forma de escribir, por momentos me senti en el festival. besos


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